La lectura literaria en la construcción de la subjetividad

Por Bettina Caron  (*)      

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Creo que quienes nos dedicamos a la promoción de la lectura debemos plantearnos el por qué de la necesidad de hacerlo, para no correr el riesgo de que  aquel mandato vacío del deber de leer del que hablaba el Prof. Noé Jitrik, se transforme en el  mandato vacío del deber de promocionar la lectura.  Cuando la necesidad y la razón para llevar adelante un proyecto son claras, encontraremos más creatividad, recursos y motivaciones reales para llevarlo a término. Motivaciones que, interpreto, deben surgir del análisis del contexto sociocultural del actual mundo posmoderno.

Resulta casi paradojal constatar cómo aquellos chicos que tenían acceso a la alfabetización informática, en momentos en que era posibilidad para una minoría y que nos hacían temer la brecha insalvable que se abriría, a futuro, entre ellos y el resto, sean  hoy los mismos que han sustituido la lectura literaria por la tecnología de las comunicaciones.

Por eso es necesario, hoy más que nunca, mantener con fervor la promoción de la lectura literaria para todos los jóvenes, esa lectura que inquieta, que emociona, que ayuda a pensar el mundo y que puede funcionar como una interferencia en la  cultura mediática.

El mundo que vivimos es un mundo también inquietante, pero por el miedo, la impotencia y la incertidumbre que nos acecha. La lectura, por el contrario, “inquieta” en el hermoso sentido que le da a este término Jorge Larrosa, al referirse a ella como una experiencia que tiene la capacidad de transformarnos. Así considerada, puede ser una experiencia humana en un mundo casi privado de experiencias genuinas desde hace largo tiempo porque  todo está programado por el Mercado, incluso las experiencias y las emociones.  Mundo que Lyotard calificó como posmoderno,  y al que se agregaron luego otras muchas denominaciones como modernismo tardío, o postmodernidad líquida como lo llama Z. Baumann, o del   homo videns  para G. Sartori, o cultura del  hombre light ; o  del pensamiento débil de G. Vattimo.

Es, en definitiva, para los jóvenes que viven en este  mundo cargado de denominaciones y de incertidumbres, para el cual debemos plantearnos cómo promocionar la lectura. Una de las formas es reflexionar con ellos sobre el consumismo, la globalización, el abuso de las tecnología, la pérdida de valores humanos, en un mundo de verdades relativas y ya no absolutas, pero en el que se da, paradojalmente, el apogeo de un  pensamiento único manipulado por los medios masivos, principalmente por la televisión y su mejor aliada, la publicidad.  Este mundo que necesita crear identidades de consumo porque no obtiene beneficio de las subjetividades personales y originales, que sí son las aliadas del arte y la literatura. Esa comparación trabajada desde la reflexión y la literatura es un verdadero descubrimiento para los jóvenes porque al estar inmersos en la subcultura del Consumismo, no lo pueden ver si no se lo mostramos.

Recordemos que en las primeras propuestas sobre la promoción de la lectura, la principal enemiga era la  TV. Luego vino la etapa del libro digital versus  libro de papel. En los últimos tiempos las TIC e Internet compiten en el mismo escenario con los anteriores. Pero,  en el silencio de esas voces, el que está en peligro realmente, hoy, es… ese otro libro: uno que no se vende, que no se edita, no se distribuye, ni se publicita; uno que no ocupa espacio en anaqueles, ni siquiera espacio digital, ni virtual y que no  se ve, ni se presta.

Un libro cuyo único peligro es, en este momento, el de no estar siendo escrito por su verdadero autor, porque es “el mundo – consumo” el que  lo está escribiendo por él. Me refiero a ese libro único, absolutamente personal, que es muchísimo más que una autobiografía y que hoy, en muchos casos, se va transformando en una narración fragmentaria, monótona, poco original  y casi ajena.

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Sí, es en ese otro libro en el que pienso. Aquél que empezamos a escribir aun antes de nacer al mundo: el de nuestro propio relato, el relato que nos constituye como personas, el único que da cuenta de nuestras experiencias reales y vividas y al que necesitamos a menudo volver para releerlo porque sólo él guarda un deslumbrante tesoro: el de la trama que nos une, el hilo dorado de ese argumento que nos sostiene y nos permite reconocernos narrados en nuestra lengua, en nuestro espacio y en nuestro tiempo. Es ese otro  libro, el que da cuenta de ese “personaje” que somos y sin el cual la vida, perdería el sentido al perder a su protagonista, ese que la hace única porque  atesora  algo absolutamente intransferible: la historia propia.

Muchos chicos y  jóvenes de hoy van armando la trama de esa historia, la de su identidad, la de su subjetividad, a través de una “experiencia”  que  podríamos calificar como vicaria y manipulada. Porque es, en definitiva, la construcción de la subjetividad de esos jóvenes la que nos inquieta ya que por la falta de acceso a emociones y experiencias legítimas se va empobreciendo y homogeneizando. Es desde esa mirada,  precisamente, que considero tan valiosa  la ficción literaria porque, como lo expresan desde hace años Michel Petit y Martha Nussbaum, brinda un escenario donde a través de las problemáticas, los personajes y las situaciones que presenta, puede generar que el adolescente  se involucre y encuentre un verdadero espacio de ejercicio de la sensibilidad, la empatía, la solidaridad, los valores humanos. Cabe agregar, además, que hoy, y a la luz de las neurociencias, se sabe que la lectura ficcional deja en el cerebro, huellas emocionales semejantes a las que dejan las emociones de la vida real, emociones y sentimientos que  ayudan en el proceso de configurar la subjetividad. Aunque resulte paradojal, desde la ficción podemos ver mejor la realidad, porque si bien la literatura puede evadirnos de lo cotidiano inmediato y entretenernos o como algunos piensan, distraernos, mientras eso ocurre, silenciosamente y en la profundidad y libertad que nos dan las palabras,  nos va dando la pertenencia al ser que somos y al mundo que habitamos.

Como opina J. M. Schaeffer – quien visitó nuestro país en setiembre de 2013 – en ¿Por qué la ficción?: “Un modelo ficcional siempre es, de facto, una modelización del mundo real” .Toda creación por fantástica o mágica que resulte, no surge en el creador sino a partir de experiencias del mundo en que vive.   Y agregaría, simplemente, que en un mundo  que tiende a la deshumanización, pocas cosas hay más humanas que la literatura.

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BILIOGRAFÍA

Baumann, Zygmunt, Mundo consumo,   Paidós, Buenos Aires, 2010

Eagleton, Terry, El sentido de la vida, Paidós, Buenos Aires, 2007

Larrosa, Jorge, La experiencia de la lectura, Fondo de Cultura Económica, Espacios para la  lectura, México, 2003

Lyon, David, Postmodernidad, Alianza Editorial, España, 1999

Lyotard, Jean – Francois, La condición postmoderna, Cátedra, Madrid, 1989

(*) Bettina Caron es docente, investigadora y escritora. Egresada en Letras de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, obtuvo luego su Licenciatura como Especialista en Promoción de la Lectura y en Literatura infantil- juvenil en la misma Facultad. Ha creado, entre otros, el Programa Niños Promotores de Lectura  (Novedades Educativas) y  Escribir con humor (Colihue), que desde el año 1985 se aplican en numerosas escuelas del país y del exterior, donde ha ejercido la Capacitación Docente para los mismos. Como escritora ha publicado numerosos cuentos para niños y ensayos sobre literatura infantil y  promoción de la lectura. Su último libro es Posmodernidad y Lectura, Libros del Zorzal, 2012

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