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Análisis de la traducción de La Morsa y el Carpintero que realiza María Elena Walsh, del poema de Lewis Carroll, comparándola con la de Eduardo Stilman.

Por Alicia Origgi (*)

WALSH, M.E. (2002) “La morsa y el carpintero”, en El diablo inglés. Ilustró Douglas Wright. Buenos Aires. ALFAWALSH
WALSH, M.E. (2002) “La morsa y el carpintero”, en El diablo inglés. Ilustró Douglas Wright. Buenos Aires. ALFAWALSH

En la obra poética destinada a los niños de María Elena Walsh encontramos semejanza de recursos estilísticos con la obra del escritor victoriano Lewis Carroll, cultor del género “nonsense”,[1] además de un profundo conocimiento de las rimas inglesas conocidas como nursery rhymes. El origen de las nursery rhymes se entronca con la problemática de otras formas antiguas de la literatura popular. Estos versos, que se transmiten a los chicos en los países donde se habla inglés, han durado en Inglaterra por más de nueve o diez generaciones, algunas veces considerablemente más, y raramente se alteraron sus rimas en el transcurso del tiempo.[2] María Elena Walsh las conocía perfectamente, pues su padre, que era irlandés, se las recitaba.

En el primer libro de Lewis Carroll, (Alicia en el País de las Maravillas, 1865) la protagonista del relato, una niña de siete años, procura al lector un punto de vista externo para observar los patrones de comportamiento y los valores inculcados a la infancia por la sociedad inglesa a mediados del siglo XIX.  Desde la perspectiva de Alice Liddell, que era la destinataria en la vida real del original de Carroll, lo atractivo del relato era el humor que producía la transgresión de los rígidos límites y normas a los que estaban sujetos los chicos victorianos.  En Alicia en el País de las Maravillas hay intercalados muchos poemas que son parodias de poemas, así como de nursery rhymes, que formaban parte de la tradición educativa de la época y constituyen el intertexto de la novela de Carroll. Se incluyen con el propósito de divertir a los chicos y grandes, trastocando el sentido para distorsionar la moraleja. Debido al gran éxito del libro, Carroll publicó una segunda parte en 1871 titulada: A través del espejo y lo que Alicia encontró allí. En esta segunda parte, en el capítulo IV, Tweedledee recita para Alicia las estrofas del poema original de Carroll titulado La morsa y el carpintero. En este capítulo, los protagonistas son Tweedledum y Tweedledee, dos gemelos conocidos por los chicos ingleses a través de una nursery rhyme.

MEW realiza una versión del poema La Morsa y el Carpintero[3], donde reemplaza la estrofa original, que son sextetos con rima consonante en los versos pares, por cuartetas eneasílabas con rima consonante en segundo y cuarto verso.  Pero respeta la idea de su autor, que a través de estos dos personajes: la Morsa y el Carpintero, señala la hipocresía de los seres humanos que devoran a los que llaman sus amigos.

Según Gideon Toury,[4] las traducciones son hechos que relacionan tres sistemas:

a) Un sistema fuente, es decir, la literatura y la cultura de donde proviene el texto original, en este caso la cultura victoriana de Inglaterra del siglo XIX donde escribe  Lewis Carroll.

b) Un sistema meta: es decir la literatura y la cultura donde se inserta la traducción, en nuestro caso, la literatura infantil argentina contemporánea.

c) Un sistema especial, formado por las traducciones.

Para la postura de Toury, la traducción deja de ser un hecho exclusivo de la lingüística; el texto traducido existe como un “artefacto cultural” que reemplaza al texto fuente por una “versión aceptable” en la cultura meta o receptora.

En el proceso de traducción entendido como el reemplazo de material textual en una lengua por material textual equivalente en otra lengua, el traductor debe considerar no sólo si mantiene el sentido sino también si ese sentido tiene el mismo efecto, la intención mencionada, en la lengua a la cual se traduce. Los traductores de textos considerados como clásicos suelen apegarse a la traducción de tipo literal, por la enorme reverencia que se tiene del original. La traducción literal  implica un esfuerzo de lectura e interpretación menos profundo que la libre.  El traductor convierte cada eslabón de sentido de la lengua fuente u original a la lengua meta, pero este proceso no se apoya en una hipótesis sólidamente elaborada.

Según Octavio Paz,[5] la verdadera traducción implica una transformación del original, una reescritura, que es lo que hace MEW con el texto de Carroll. Su traducción es una interpretación del texto inglés victoriano para ser leída por los chicos argentinos contemporáneos.

ALICIA A TRAVÉS DEL ESPEJO, de LEWIS CARROL (1871) ILUSTRACIONES DE JOHN TENNIEL CAPÍTULO IV: TWEEDLEDUM y TWEEDLEDEE TWEEDLEDUM y TWEEDLEDEE, por JOHN TENNIEL
ALICIA A TRAVÉS DEL ESPEJO, de LEWIS CARROL (1871)
ILUSTRACIONES DE JOHN TENNIEL
CAPÍTULO IV: TWEEDLEDUM y TWEEDLEDEE

MEW preserva la intención del autor adaptándola a nuestra cultura y usa un lenguaje adecuado al público infantil al que se dirige la traducción, de manera que se perciba como propio en la cultura meta, sin dejar de estar acorde con el texto fuente.

El poema carrolliano comienza situándonos en un espacio absurdo y contradictorio: una playa donde la arena está seca y es de día en plena noche.  Allí conversan todo el tiempo una Morsa y un Carpintero, el diálogo parece disparatado hasta que el lector comienza a adivinar las intenciones de ambos personajes de hacerse un festín de ostras.

Dentro del polisistema literario de la cultura meta, las traducciones de Walsh en la época en que comienza sus publicaciones son un hecho marginal, para decirlo con sus palabras: “la literatura dedicada a los chicos es un arrabal desprestigiante”.[6]  Pero esas traducciones de un texto canónico revitalizan el polisistema meta de la literatura argentina para niños con la introducción del absurdo, la parodia y el humor. La traductora se sitúa en las normas lingüísticas y literarias de la cultura meta al operar sobre el texto de Carroll, manejándose en el plano de la traducción como reformulación.

La versión de Eduardo Stilman se apega más al original, por ejemplo, respeta la elección estrófica de Carroll. Cuando traduce: “El sol brillaba (…) con todo su poder” MEW traduce: “El sol (…) resplandecía a troche y moche”, dando idea de la luz que se desparrama en la playa, a una hora inconcebible pues es medianoche.  La elección de juegos idiomáticos como: “a troche y moche”, revelan una preferencia por un vocabulario que refleje la oralidad. La autora se maneja con ecuaciones verbales, la paronomasia es fundamental, es lo más complejo para traducir en otra lengua (Jakobson: 1992).

La traducción de Stilman: “Y esto era extraño, porque se estaba /en medio de la noche” se torna en MEW: “cosa bastante rara a medianoche”, nuevamente prefiere “raro” en lugar de “extraño”, lenguaje “casero” o “silvestre”, como lo denomina Graciela Montes,[7]refiriéndose al vocabulario coloquial infantil.

“La luna brillaba malhumorada,” se transforma en “salió la luna y alumbró alunada.” Aquí se prefiere jugar con la sinestesia y la personificación humorística de la luna como una figura femenina indignada  frente a un “sol entrometido”  que quiere arruinar la diversión.

En Stilman / Carroll, la luna de mal talante, se queja: “¡Es muy grosero de su parte – decía- / venir a estropear la diversión!” En MEW la grosería se vuelve entrometimiento: “El sol es un entrometido, / sólo por arruinarnos el pastel / se queda cuando el día ya se ha ido.” Nuevamente la preferencia por expresiones de la  cotidianeidad como “arruinar el pastel”.

En: “El mar estaba tan húmedo como podía estar, /la arena estaba tan seca como era posible.” Stilman trata de respetar la idea de Carroll.  MEW en cambio produce una síntesis: “El mar estaba húmedo y mojado, /pero la arena no.  “

MEW reduce al mínimo la descripción del paisaje: “.  Nadie podía  / ver una sola nube por el cielo. / Tampoco pájaros porque no había.” Stilman respeta textualmente al autor: “No se podía ver una nube, porque /ninguna nube había en el cielo. / No volaban pájaros en las alturas…/ No había pájaros para volar.” En ambos queda al descubierto el funcionamiento del disparate mediante la afirmación de las negaciones produciéndose  la comprobación de la inexistencia: no volaban pájaros ni había nubes porque no había ninguno de esos elementos presentes.  Hay verdades de Perogrullo: el mar estaba húmedo y la arena seca.

Las paradojas causan risa: la Morsa se queja con pena al Carpintero de que esa playa sería espléndida si no tuviera tanta arena, plantean que siete barrenderos deberían barrerla durante un año, aunque piensan que no mejoraría. En el original lloran amargamente por este motivo, subrayando lo absurdo del diálogo acerca de una playa sin arena. La disquisición de La Morsa y el Carpintero  acerca de quitar la arena de la playa que está en Carroll y que Stilman traduce: “¡Si al menos la quitaran del paso /-decían- sería algo grandioso!” se transforma en: “-¡Esta playa qué espléndida sería /si no tuviera tanta, tanta, arena!” La elección léxica de: “espléndida”, le da un matiz  familiar, pero manteniendo la corrección en el uso.  La repetición de “tanta” semeja el lenguaje de un niño pequeño.

Las siete criadas con escobas que barrieran durante medio año en Carroll / Stilman se transforman en: “barrenderos con rastrillos” que barrieran durante un año entero.  La elección tiene que ver nuevamente con  situar al lector en un contexto cercano, el del barrendero, en lugar de la criada que suena anacrónica, como de una Inglaterra victoriana.

En Carroll / Stilman se refuerza la “amable” proposición que hace la Morsa a las ostras y que despierta sorpresa y desconfianza en el lector adulto: “Un agradable paseo, una agradable charla”.  MEW elimina ese verso. “La Ostra más vieja”, en Carroll y Stilman se transforma en MEW en: “La Ostra Veterana”, personaje que responde con un guiño de ojo (igual que en Carroll) como dando a entender en MEW: “No me da la gana”, equivalente actual a “no se me canta”. Es feliz la introducción del adjetivo “Veterana”[8] con su carga de sabiduría de vida, que no conlleva el hecho de ser solamente “vieja”, pues se puede ser vieja pero no avispada, como esta ostra que salva su vida adelantándose a las intenciones de la Morsa.  La “ostra – cama” donde reposa la Ostra Vieja, según Carroll – Stilman, se traduce como: “mi casa”, lo que simplifica y clarifica el concepto pensando en un destinatario niño.

En Carroll y Stilman, “cuatro Ostras jóvenes se precipitaron” a la convocatoria amable de la Morsa.   MEW prefiere la ternura del diminutivo “ostritas” del cual no abusa, pero que en este caso está bien empleado, dando a entender la inexperiencia de las incautas, que refuerza por medio de un comparativo de superioridad : “más pequeñas”. Prefiere “salieron con muchísimo interés” en lugar de “se precipitaron”.

WALSH, M.E. (2002) “La morsa y el carpintero”, en El diablo inglés. Ilustró Douglas Wright. Buenos Aires. ALFAWALSH
WALSH, M.E. (2002) “La morsa y el carpintero”, en El diablo inglés. Ilustró Douglas Wright. Buenos Aires. ALFAWALSH

En el original, las ostras cepillan sus abrigos y se lavan la cara entusiasmadas con el paseo por la playa. La personificación acentúa lo cómico de la escena: “Sus sacos estaban cepillados, sus caras lavadas, / sus zapatos limpios y lustrosos. / Y esto era extraño, porque /las ostras no tienen patas.” Esta es casi traducción literal de Carroll, en cambio MEW sintetiza: “limpias y de zapatos bien lustrados, / cosa curiosa pues no tienen pies.”  Las “patas” se transforman en “pies”, humanizando a las ostritas y lo extraño (“odd” en el texto fuente) es “curioso”, como dando un matiz más ligero o divertido al verso.  María Elena encuentra la clave semántica del poema, lo recrea y da una versión sintetizada, más ágil y divertida que el original.

En este paisaje carrolliano las olas estaban “hirvientes”, y las ostras “trepando” corrían a unirse a la Morsa y el Carpintero “en veloz tropel”. MEW elimina “hirvientes” y agrega “saltaron revolcándose a la playa”, lo que implica el goce anticipado por el paseo.

En Stilman, las ostras “se detuvieron y esperaron en fila”, en Walsh es “fila india”, como en un juego y además agrega: “y sin abrir la boca”.

Luego comienza el discurso de la Morsa con el pretexto de conversar acerca “de porqué los cerdos tienen alas”.  Esta expresión [9]es similar en la versión original y recuerda una conocida copla popular argentina:

De las aves que vuelan

Me gusta el chancho

Porque vuela bajito

Como el carancho

En la copla folclórica el humor se produce por la confrontación de una afirmación correcta desde el punto de vista lingüístico pero que la realidad desmiente en los hechos.  En esa fractura entre “las palabras y las cosas” se instalan las paradojas de la lógica y el discurso del disparate.

Walsh convierte el sustantivo “discurso” en un verbo muy coloquial: “discurseó la Morsa”.  Allí el lector mediante el empleo de este verbo sabe que la Morsa empieza a “macanear” como decimos los porteños, o de otra forma a hablar pavadas como de “barcos y botines y repollos.” Por fin la “ostras queridas” están listas para que los hipócritas puedan almorzar.

En los seis últimos sextetos en Carroll / Stilman y las seis últimas cuartetas en Walsh, se desarrolla una oposición flagrante entre los hechos y las palabras. MEW traduce de forma similar al texto fuente la retórica de los dos cínicos “- ¡Qué buen paseo, /qué dulce noche, qué paisaje hermoso, / qué grata compañía, me parece!”

“-Me da vergüenza haberlas engañado / – dijo la Morsa haciendo tristes muecas-, / traerlas de tan lejos para esto.”  “-¡Cuánta pena me dais! –dijo la Morsa-, / os compadezco, soy muy infeliz.”[10]

La Morsa prepara el pan con manteca, la pimienta y la sal, mientras con muecas y lágrimas con un pañuelo sobre la nariz dice avergonzarse de haberlas engañado para luego comérselas sin compasión. El Carpintero hace una pregunta retórica: el paseo ¿qué tal os ha caído? Y las ostras no pueden responder porque ya no existen.  En Carroll / Stilman es aún más patético: “¡Oh, ostras- dijo el Carpintero- / habéis tenido una agradable corrida! / ¿Trotaremos de regreso a casa?” / Pero no llegó ninguna respuesta… / Y esto no tenía nada de raro, / porque se las había comido a todas.”

Alicia, después de escuchar la poesía, manifiesta disgusto por el aberrante proceder de la Morsa y del Carpintero y por la falsedad de sus palabras.  En Carroll el trabajo de escritura del disparate lo acerca a la modernidad pues traiciona una concepción clásica del sentido para restaurar la paradoja y el vacío. La obra de Carroll denuncia la ideología educativa victoriana, haciendo un patchwork de clichés y de ideas recibidas, tomadas de los discursos situados en la base de la cultura victoriana.[11]

ILUSTRACIÓN DE JOHN TENNIEL
ILUSTRACIÓN DE JOHN TENNIEL

En la traducción de Walsh también podemos leer la incoherencia y falsedad de aquellos que actúan con violencia pero se manifiestan generosos y amigables, haciendo uso de una retórica que impresiona, pero en definitiva es falsa y hueca, que convence sólo a los inexpertos, que podría aplicarse muy bien a la lectura de cualquier discurso político.  Esta versión rescata el tema de la reflexión sobre el comportamiento humano, tratado con la perspectiva humorística que es la preferida de Walsh.

Su fidelidad al texto no es literalismo ni procedimiento técnico, es una fidelidad a la relación entre la lengua original y la  propia, ese “idioma de infancia” que MEW recrea fusionando distintas vertientes: lo folclórico, lo oral popular, con una mezcla de registros donde combina lo ingenuo, lo prosaico y lo irracional. La interpretación de Walsh domestica el original, disloca su estructura y revela el sentido íntimo del texto victoriano.  Cumple la misión del traductor según Benjamin, que es rescatar el lenguaje puro confinado en el idioma extranjero, para el idioma propio y liberar el lenguaje preso en la obra original. [12] Incorpora su lectura  y restaura el texto para entregarlo a la cultura meta, restaurando la paradoja de Carroll y el sinsentido de origen inglés y folclórico, fuentes que MEW conoce a la perfección.  En este sentido podemos decir que el estilo de esta escritora argentina es en parte una “traducción” del estilo juguetón y transgresor del victoriano Lewis Carroll.

Anexos: textos de “La morsa y el carpintero”

Texto de Lewis Carroll (1867)

Traducción de Eduardo Stilman (1998)

Versión de María Elena Walsh (1992)

ILUSTRACIÓN DE JOHN TENNIEL
ILUSTRACIÓN DE JOHN TENNIEL

BIBLIOGRAFÍA

BENJAMIN, Walter (1989) Discursos interrumpidos I, Madrid, Taurus. En particular: “La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica” (1936) e “Historia y coleccionismo: Eduard Fuchs” (1937).

CARROLL, Lewis (1998) Los Libros de ALICIA. Traducción anotada de Eduardo Stilman. Buenos Aires, Ediciones de la Flor. Best Ediciones.

GIARDINELLI, Mempo (1992)  Así se escribe un cuento, Buenos Aires, Beas Ediciones.

JAKOBSON, Roman  (1992) On liguistic aspects of translation.  En: SCHULTE –BIGUENET: Theories of Translation.  University of Chicago Press.

MONTES, Graciela (1990)  El corral de la infancia.  Buenos Aires. Libros del Quirquincho.

OPIE, Iona and Peter (1996) The Oxford Dictionary of Nursery Rhymes, Edited by Iona and Peter Opie. Twenty -second impression. Bath, Avon, Great Britain. Oxford University Press.

ORIGGI de Monge, Alicia (2004) Textura del disparate, Estudio crítico de la obra infantil de María Elena Walsh, Buenos Aires, Lugar Ed.

PAGLIAI, Lucila (2003). “La traducción como rescate de la memoria identitaria en dibaxu de Juan Gelman”. En VVAA. Archivos de la memoria. Rosario, Beatriz Viterbo.

______________ (2004) “La traducción como reformulación: algunas cuestiones teóricas.” En: Congreso Internacional de Políticas culturales y de integración regional.  Facultad de Filosofía y Letras/UBA- Asociación Argentina de Semiótica. Buenos Aires, 31 de marzo – 2 de noviembre de 2004.

______________ (2004). “Reformulación y traducción: las confrontaciones bilingües”. En Actas. Congreso Internacional de Políticas culturales e integración regional. Buenos Aires FFYL/ UBA – Asociación Argentina de Semiótica.

PAZ, Octavio (1990). Traducción, literatura y literalidad. Barcelona, Tusquets, 3ra. Ed.

STILMAN, Eduardo: Traducción anotada de: A través del espejo y lo que Alicia encontró allí, de Lewis Carroll,  Buenos Aires, Best Ediciones y Ediciones de la Flor, 1998.

TOURY, Gideon (1982) “A Rationale for Descriptive Translation Studies”.  In  Dispositio, Revista Hispánica de semiótica literaria, University of Michigan, Vol.  VII, 19, 20, 21, (número monográfico:  “The Art and Science of Translation”)

WALSH, M.E. (2002) “La morsa y el carpintero”, en El diablo inglés. Ilustró Douglas Wright. Buenos Aires. ALFAWALSH


[1] MONTES, Graciela (1990) “nonsense es una palabra difícil de traducir: es el absurdo, el porque  sí, el disparate.  El juego del nonsense consiste en construir un universo paralelo al cotidiano, aberrante pero ordenado, loco pero metódico.” Según esta autora, “el nonsense está hecho de palabras manipuladas para formar unidades nuevas e insólitas.  Los personajes de Carroll están perpetuamente hablando, argumentando, discutiendo, haciendo juegos de palabras, reflexionando acerca del lenguaje, confundiéndolo todo y exigiendo simultáneamente precisiones. Los personajes del nonsense carrolliano son, en rigor, palabras”. Pág. 55.

[2] OPIE, Iona and Peter (1996) The Oxford Dictionary of Nursery Rhymes.

[3] WALSH, M.E. (2002) “La morsa y el carpintero”, en El diablo inglés. ALFAWALSH. Pág. 47-50.

La primera edición de “La morsa y el carpintero” se publicó en 1992 en Ed. Sudamericana.

[4] TOURY, Gideon (1982)

[5] PAZ, Octavio. (1990)  Pág. 22.

[6] WALSH, María Elena. En: GIARDINELLI, M. (1992). Pág.171.

[7] MONTES, Graciela (1990)  Pág. 21.

[8] Con mayúscula en el original de MEW.

[9] El adynaton es una figura retórica griega similar a la hipérbole, que consiste en señalar algo completamente imposible de realizarse. El adynaton se difundió en la literatura latina durante el período clásico y se conoce como impossibilia.  Su uso más frecuente era para referirse a un evento altamente improbable de suceder.  Estas impossibilia se encuentran en todas las literaturas del mundo y son de uso frecuente en la literatura popular, en las leyendas y en el folclore. Pueden ser elementos de baladas, acertijos y proverbios. Ej: En español: “cuando las ranas críen pelo”, “cuando las vacas vuelen”.

[10] WALSH, M.E. (2002) “La morsa y el carpintero”, en El diablo inglés.  Pág. 50.

[11] ORIGGI de Monge, Alicia (2004)  Pág. 44.

[12] BENJAMIN, Walter (1967)  Ensayos escogidos.

(*) Alicia Origgi es nacida en Buenos Aires. Es  ESPECIALISTA EN PROCESOS DE LECTURA Y ESCRITURA por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, en el marco de la Cátedra UNESCO para el mejoramiento de la calidad y la equidad de la educación en América Latina con base en la lectura y la escritura,  desde una perspectiva discursiva e interactiva. Se recibió de PROFESORA DE ENSEÑANZA SECUNDARIA, NORMAL Y ESPECIAL EN LETRAS  Y   LICENCIADA EN LETRAS  títulos otorgados por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.

Tiene a su cargo en 2013 el TALLER DE LECTURA Y ESCRITURA PARA LA ESCUELA PRIMARIA en la Carrera de Procesos de Lectura y Escritura que dirige la Dra. Elvira Arnoux en la Facultad de Filosofía de la U.B.A.

Ha sido PROFESORA ADSCRIPTA AL SEMINARIO PERMANENTE DE LITERATURA INFANTIL-JUVENIL de la Facultad de Filosofía y Letras de la U.B.A., que dirigió la Prof. Lidia Blanco desde 1992.

Es autora entre otras publicaciones de TEXTURA DEL DISPARATE, Estudio crítico de la obra infantil de María Elena Walsh,   Lugar Editorial, Colección Relecturas, Buenos Aires, 2004.

Anexo “La Morsa y el Carpintero”: Traducción de Eduardo Stilman (1998)

La Morsa y el Carpintero

Traducción de Eduardo Stilman (1998)

El sol brillaba sobre el mar,

brillaba con todo su poder.

Hacía cuanto podía para dejar

las olas suaves y relucientes…

Y esto era extraño, porque se estaba

en medio de la noche.

La luna brillaba malhumorada,

porque pensaba que el sol,

no tenía nada que hacer allí,

una vez que el día había pasado.

“¡Es muy grosero de su parte – decía-

venir a estropear la diversión!”

El mar estaba tan húmedo como podía estar,

la arena estaba tan seca como era posible.

No se podía ver una nube, porque

ninguna nube había en el cielo.

No volaban pájaros en las alturas…

No había pájaros para volar.

La Morsa y el Carpintero

estaban paseando juntos;

lloraban como locos al ver

semejante cantidad de arena.

“¡Si al menos la quitaran del paso

-decían- sería algo grandioso!”

“Si siete criadas con siete escobas

barrieran medio año,

¿te  parece – dijo la Morsa –

que conseguirían quitarla?”

“Lo dudo –dijo el Carpintero,

y dejó caer una amarga lágrima.

“¡Oh, Ostras, venid a pasear con nosotros!

– suplicó  la  Morsa.

Un agradable paseo, una agradable charla

por la salobre playa.

Sólo podemos llevar a cuatro

Para dar una mano a cada una.”

La Ostra más vieja la miró

pero no dijo una palabra.

La ostra más vieja guiñó un ojo

y sacudió su cabeza pesada…

Dando a entender que no quería

abandonar la ostra- cama.

Pero cuatro Ostras jóvenes se precipitaron,

llenas de ansiedad por la invitación.

Sus sacos estaban cepillados, sus caras lavadas,

sus zapatos limpios y lustrosos.

Y esto era extraño, porque

las Ostras no tienen patas.

Cuatro otras Ostras las siguieron,

y todavía otras cuatro.

Y en veloz tropel se fueron agregando

más, y más, y más…

Saltando a través de las hirvientes olas

y trepando hacia la playa.

La Morsa y el Carpintero

anduvieron más o menos un kilómetro.

Después se apoyaron en una roca

convenientemente baja,

y todas las Ostritas se detuvieron,

y esperaron en fila.

“Llegó el momento –dijo la Morsa-

de hablar de muchas cosas:

de zapatos… barcos… y lacre…

de repollos… y de reyes …

y de por qué el mar hierve…

y de si los cerdos tienen alas.”

¡Pero esperen un momentito –gritaron las Ostras-

antes de empezar a charlar,

porque algunas de nosotras quedamos sin aliento,

y todas estamos gordas!”

“¡N o hay apuro!” –dijo el Carpintero-.

Ellas se lo agradecieron mucho.

“Un pedazo de pan –dijo la Morsa-

es lo que más necesitamos.

Además, pimienta y vinagre,

que sin duda son muy buenos…

Ahora, Ostras queridas, si estáis listas,

podemos empezar a comer.”

“¡Pero no a nosotras! – gritaron las Ostras,

poniéndose un poco azules-.

Tras tanta amabilidad, eso resultaría

un proceder funesto!”

La Morsa dijo: “La noche es hermosa.

¿No admiran el paisaje?

¡Fueron tan amables al venir!

¡Ustedes   son muy tiernas!”

El carpintero sólo dijo:

“Córtame otra rebanada.

Quisiera que fueras menos sordo…

¡Ya te lo pedí dos veces!”

“¡Parece vergonzoso –dijo la Morsa-

jugarles esa mala pasada,

después de haberlas traído tan lejos,

y de obligarlas a trotar tan rápidamente!”

El Carpintero sólo dijo:

“¡Has puesto demasiada manteca!”

“Lloro por ustedes –dijo la Morsa-

Lo lamento profundamente.”

Con sollozos y lágrimas seleccionaba

a las de mayor tamaño,

sosteniendo un pañuelo

ante sus ojos chorreantes.

“¡Oh, ostras- dijo el Carpintero-

habéis tenido una agradable corrida!

¿Trotaremos de regreso a casa?”

Pero no llegó ninguna respuesta…

Y esto no tenía nada de raro, porque

se las había comido a todas.

La Morsa y el Carpintero

Versión de María Elena Walsh (1992)

 

El sol brillaba fuerte sobre el mar,

El sol resplandecía a troche y moche

y se esmeraba por lustrar las olas,

cosa bastante rara a medianoche.

Salió la luna y alumbró alunada

diciendo: -El sol es un entrometido,

sólo por arruinarnos el pastel

se queda cuando el día ya se ha ido.

El mar estaba húmedo y mojado,

pero la arena no.  Nadie podía

ver una sola nube por el cielo.

Tampoco pájaros porque no había.

Pasó una Morsa con un Carpintero,

quejándose los dos con honda pena:

-¡Esta playa qué espléndida sería

si no tuviera tanta, tanta, arena!

-Si siete barrenderos con rastrillos

la barrieran durante un año entero

mejoraría ¿no? – dijo la Morsa.

– Lo dudo – lagrimeaba el Carpintero.

-¡Oh, ostras, venid todas a pasear!

– rogó la Morsa- pero es oportuno

que sólo vengáis cuatro, pues tenemos

nada más que dos manos cada uno.

La Ostra cabeceó y le guiñó un ojo

como diciendo: – No me da la gana

de salir de mi casa. Y se quedó

callada.  Era la Ostra Veterana.

En cambio, cuatro ostritas más pequeñas

salieron con muchísimo interés,

limpias y de zapatos bien lustrados,

cosa curiosa pues no tienen pies.

Cuatro más las siguieron, y otras cuatro,

y luego cuatro más y cuatro más

saltaron revolcándose a la playa,

y todas las siguieron por detrás.

Después de mucho andar, el Carpintero

se sentó con la Morsa en una roca,

y las ostras también se detuvieron

en fila india y sin abrir la boca.

-Llegó el momento- discurseó la Morsa –

de que hablemos de príncipes y balas,

de barcos y botines y repollos,

y de por qué los cerdos tienen alas.

-Espere un poco- le gritó una ostra-

que vinimos corriendo muy ligero

y estamos sin aliento, somos gordas.

-No hay prisa- contestóle el Carpintero.

La Morsa dijo: – Ahora que tenemos

pan y pimienta y sal ¿por qué esperar?

Si las ostras queridas están listas,

enseguida podremos almorzar.

-¿A nosotras? – gritaron, azuladas,

las pobres ostras-. ¡Eso sí que es feo,

después de tantas amabilidades!

La Morsa contestó: – ¡Qué buen paseo,

qué dulce noche, qué paisaje hermoso,

qué grata compañía, me parece!

El Carpintero dijo:  – Dame pan,

¿estás sorda?  Te lo pedí dos veces.

-Me da vergüenza haberlas engañado

– dijo la Morsa haciendo tristes muecas-,

traerlas de tan lejos para esto.

El Carpintero pidió más manteca.

-¡Cuánta pena me dais! –dijo la Morsa-,

os compadezco, soy muy infeliz.

Y llorando eligió a las más gorditas,

con un pañuelo sobre la nariz.

-Amigas ostras- dijo el Carpintero-,

el paseo ¿qué tal os ha caído?

Las ostras no pudieron contestar

porque ya las habían engullido.

Anexo “La Morsa y el Carpintero”: Versión de María Elena Walsh (1992)

La Morsa y el Carpintero

Versión de María Elena Walsh (1992)

 

El sol brillaba fuerte sobre el mar,

El sol resplandecía a troche y moche

y se esmeraba por lustrar las olas,

cosa bastante rara a medianoche.

Salió la luna y alumbró alunada

diciendo: -El sol es un entrometido,

sólo por arruinarnos el pastel

se queda cuando el día ya se ha ido.

El mar estaba húmedo y mojado,

pero la arena no.  Nadie podía

ver una sola nube por el cielo.

Tampoco pájaros porque no había.

Pasó una Morsa con un Carpintero,

quejándose los dos con honda pena:

-¡Esta playa qué espléndida sería

si no tuviera tanta, tanta, arena!

-Si siete barrenderos con rastrillos

la barrieran durante un año entero

mejoraría ¿no? – dijo la Morsa.

– Lo dudo – lagrimeaba el Carpintero.

-¡Oh, ostras, venid todas a pasear!

– rogó la Morsa- pero es oportuno

que sólo vengáis cuatro, pues tenemos

nada más que dos manos cada uno.

La Ostra cabeceó y le guiñó un ojo

como diciendo: – No me da la gana

de salir de mi casa. Y se quedó

callada.  Era la Ostra Veterana.

En cambio, cuatro ostritas más pequeñas

salieron con muchísimo interés,

limpias y de zapatos bien lustrados,

cosa curiosa pues no tienen pies.

Cuatro más las siguieron, y otras cuatro,

y luego cuatro más y cuatro más

saltaron revolcándose a la playa,

y todas las siguieron por detrás.

Después de mucho andar, el Carpintero

se sentó con la Morsa en una roca,

y las ostras también se detuvieron

en fila india y sin abrir la boca.

-Llegó el momento- discurseó la Morsa –

de que hablemos de príncipes y balas,

de barcos y botines y repollos,

y de por qué los cerdos tienen alas.

-Espere un poco- le gritó una ostra-

que vinimos corriendo muy ligero

y estamos sin aliento, somos gordas.

-No hay prisa- contestóle el Carpintero.

La Morsa dijo: – Ahora que tenemos

pan y pimienta y sal ¿por qué esperar?

Si las ostras queridas están listas,

enseguida podremos almorzar.

-¿A nosotras? – gritaron, azuladas,

las pobres ostras-. ¡Eso sí que es feo,

después de tantas amabilidades!

La Morsa contestó: – ¡Qué buen paseo,

qué dulce noche, qué paisaje hermoso,

qué grata compañía, me parece!

El Carpintero dijo:  – Dame pan,

¿estás sorda?  Te lo pedí dos veces.

-Me da vergüenza haberlas engañado

– dijo la Morsa haciendo tristes muecas-,

traerlas de tan lejos para esto.

El Carpintero pidió más manteca.

-¡Cuánta pena me dais! –dijo la Morsa-,

os compadezco, soy muy infeliz.

Y llorando eligió a las más gorditas,

con un pañuelo sobre la nariz.

-Amigas ostras- dijo el Carpintero-,

el paseo ¿qué tal os ha caído?

Las ostras no pudieron contestar

porque ya las habían engullido.

Manuel García Ferré: Adiós…pero ¡hasta siempre!

Por Bertha Bilbao Richter (*)

Imagen de lanacion.com.ar

El 14 de diciembre del pasado año, tuve la dicha de conocer personalmente a Manuel García Ferré en la presentación del libro A la hora de la siesta. Magia y rebeldía  (una selección antológica de poemas y cuentos para niños y adolescentes, de Enigma Editores), en la SADE. Al finalizar mi exposición, destaqué la presencia de ese maestro de la literatura infantil y juvenil, que recibió cálidos aplausos, el afecto y la gratitud del auditorio. En la ocasión, agregué que nuestro agasajo no era suficiente, porque la docencia argentina está en deuda con él, puesto que no contamos con ensayos sobre su obra, ni abordajes de tipo didáctico o reflexiones pedagógicas. Fue la oportunidad de formularle una promesa en nombre de la Academia Argentina de Literatura Infantil y Juvenil que está constituyéndose por la iniciativa de la Prof. Cristina Pizarro con uno de los propósitos, el  de  llenar ese vacío en el discurso crítico de la literatura dedicada a niños y jóvenes.

El 28 de marzo, nuestro Adiós multiplicó la despedida de incontables voces argentinas y extranjeras, pero fieles a nuestra promesa, que el maestro recibió con su inconfundible sonrisa y la humildad de los grandes, le decimos ¡Hasta siempre! porque tenemos la seguridad de que su obra lo sobrevivirá por su valor formativo, por las experiencias concretas de los niños y no tan niños transfigurada por la fantasía creadora, por la agudización de la sensibilidad ética y estética que trasunta, por su intención de ennoblecer los sentimientos y potenciar la imaginación, con ternura, con humor, en suma, con sabiduría.

En estos tiempos de exaltación del mal gusto, de violencia, estridencia y sinsentido, de un escepticismo y desacralización cada vez más precoces, la obra de Don Manuel García Ferré constituye una reserva gráfico visual, cinematográfica, televisiva, que aún espera la valoración psicopedagógica, estética, ética y social, pensada desde la interacción entre palabra  y movimiento, entre imagen visual y la conjunción de las artes que exige el cine y la televisión.

Decir Adiós significa encomendar a Dios a quien no olvidaremos. Que su Memoria lo albergue en ese eterno Hoy. Que así sea, y que sus entrañables personajes se proyecten en esa perdurabilidad que ignora la muerte.

(*) Bertha Bilbao Richter es Licenciada en Letras por la Universidad Nacional de Salta (Argentina). Posee un Postítulo de Especialización en Medios y Ámbitos Educativo Comunicacionales, otorgado por la Universidad Nacional de La Plata y numerosas actualizaciones disciplinares en la Universidad de Buenos Aires en las áreas literatura , lingüísticas y ciencias de la educación

Ha dedicado su actividad profesional a la Formación Docente en Institutos de Educación Superior y universidades en la ciudad de Buenos Aires , en la Universidad Nacional de Quilmes y en el Instituto Teológico Franciscano en San Antonio de Padua. Actualmente continúa su desempeño en la cátedra de Literatura en el Instituto Superior de Enseñanza de Radio y TV y alterna esta actividad con trabajos críticos y ensayísticos publicados en libros del Instituto Literario y Cultural Hispánico, con sede en California,  en revistas literarias y culturales de la Argentina y de los EE UU. Ha escrito estudios introductorios y prologado obras de reconocidos escritores de nuestro país y del exterior.

Hijitus, el imaginario de una generación

Corto editado por la Escuela de Animadores sobre la obra de Manuel García Ferré para el 2do Encuentro de Animadores independientes en Rosario.

Un adiós desde Trulalá

Por Alejandra Crespín Argañaraz (*)

Cada vez que se va alguien que fue importante en nuestra vida, un trozo de nuestra historia se va con ellos.  Don Manuel García Ferré me ayudó a entender con mi lábil razonamiento de niña que en la vida había gente mala que solo pensaba en como aprovecharse de los demás como el profesor Neurus, lúmpenes con códigos como Pucho, gente poderosa que vivía apartada de los mas humildes como Gold Silver, hijos consentidos pero rebeldes como Oaky, bobos útiles como Larguirucho (hablá mas fuerte, que no te escucho), gente malvada como Cachavacha, perritos fieles como Pichichus y gente buena que cuando podía, le tendía al prójimo, una mano desinteresada, como Hijitus y cuando las papas pelaban, sacaban lo mejor de ellos para ayudar (Super Hijitus, fu fuuuuu y chucu chucu chucu chucu).

La vida de aquellos niños que hoy son adultos, llevan la impronta de su dibujo y su pluma, que como todo lo bueno de la vida, jamás se olvida. Usted, Manuel García Ferré, es uno de los mejores padres espirituales de  mi inolvidable y bella infancia, y la de muchos que a través de generaciones siempre seguiremos su legado en  en la ciudad de Trulalá.

Gracias por habernos dado parte de su vida  de grandiosa e inolvidables creación de personajes  llenos de ilusión,y así ayudarme a ser mejor persona.  A

gradezco a la vida haberlo conocido personalmente  disfrutar su risa, seguir su legado, y así escuchar su palabra luego de la entrevista que le realicé cuando me dijo: ” Tendría que hacerle una entrevista al Museo del Humor” y sin perder tiempo me llevó en su automóvil al MUHU donde me comentó que era uno de su creadores junto con otros caricaturistas.

Siempre estará  vivo en mi.

Gracias,

Alejandra Crespin Argañaraz

https://www.youtube.com/watch?v=lf0v_HanQMg

Comparto esta semblanza y una parte de la entrevista que tuve el gusto y honor de realizar a Don Manuel García Ferré.-

(*) Alejandra Crespín Argañaraz es profesora Superior de Castellano, Literatura y Latín, egresada del Profesorado de Enseñanza Superior nª 2 “Mariano Acosta”, con Especialización en letras clásicas, y literatura comparada-año  1989. Colaboradora en la revista electrónica HISPANISTA dirigido por la Dra. Suely Reis. Participante de Cursos, Jornadas y Simposios nacionales e internacionales en carácter de expositora