Elsa Bornemann y el lugar de todos los posibles

Por Valeria Badano (*)

 

elefante

Resumen

En la obra literaria de Elsa Bornemann coexisten naturalmente niños, adultos y animales y ellos establecen una organización social ‘sui géneris’ donde no hay diferencias entre unos y otros. Tampoco existe la incomunicación entre seres de diferentes especies ni la sorpresa frente a lo increíble. En sus relatos se propone una realidad donde se abren otros mundos regidos por una lógica distinta a la ‘conveniente convivencia humana’, donde la palabra es la que ordena ese lugar ‘de todos los posibles’, lugar y palabra que permiten fundar un territorio diferente, mejor. Es la subversión del orden dado la que permite concebir otros órdenes y entonces esos chicos -y también los animales y los adultos capaces de reconocer el revés de las reglas-, invierten los sentidos racionales y para crean nuevos.

Palabras clave

Elsa Bornemann – literatura infantil – sociedad – ruptura

Con esos artistas “subversivos” los niños parecerían “andar del brazo”, riéndose de los escrúpulos de los pedagogos filántropos.[1]

Introducción

Elsa Bornemann (1952-2013) es[2] una de las grandes escritoras de libros para chicos (niños y adolescentes); y su obra es reconocida tanto por los importantes premios nacionales e internacionales que recibió como por las generaciones de lectores que han disfrutado de sus historias.

Fuente: www.clarin.com
Fuente: http://www.clarin.com

En sus libros –cuentos, novelas y poemas- coexisten naturalmente niños, adultos y animales y establecen una organización social ‘sui géneris’ donde no hay diferencias entre unos y otros. Como tampoco existe la incomunicación entre seres de diferentes especies ni la sorpresa frente a lo increíble. En sus relatos, por ejemplo “Caso Gaspar” o “Cuento gigante” de Un elefante ocupa mucho espacio,[3] se propone una realidad donde se abren otros mundos regidos por una lógica distinta a la ‘conveniente convivencia humana’, donde la palabra es la que ordena ese lugar ‘de todos los posibles’, lugar y palabra que permiten fundar un territorio diferente, mejor[4]. Es la subversión del orden dado la que permite concebir otros órdenes y entonces esos chicos -y también los animales y los adultos capaces de reconocer el revés de las reglas-, invierten los sentidos racionales y crean nuevos.

El maravilloso –y seguramente por eso mismo peligroso- mundo de Elsa Bornemann plantea sus límites que no son cierre o clausura sino horizonte que se expande. Por ejemplo, El niño envuelto (1981[5]) propone como tema el permiso para vivir con libertad que se manifiesta en la decisión de transgredir la seguridad que implica ‘estar atrapado’ en la casa, en los prejuicios, en el orden social. Así la barrera se levanta y el chico del texto -seguramente los pequeños lectores también- descubre la feliz incertidumbre de ser libre. El nene va en su triciclo por la cuadra de su casa: por la vida. Podemos pensar que ese triciclo es su vehículo para la libertad, así rompe el sentido estricto de ser un juguete porque el niño lo resignifica (80) ya que es el medio por el cual él va a su propio encuentro. Benjamín señala que el juguete no es imitación de los útiles del adulto sino el enfrentamiento de este con el niño.

También afirma Benjamín que la esencia del jugar no es un “hacer de cuenta que…”, sino un “hacer una y otra vez” (84). Y en esta dinámica, la vivencia más emocionante se transforma en un hábito porque en el juego no está la imitación sino la posibilidad de hacer y así el niño del relato El niño envuelto anda por el barrio dando vueltas en su triciclo y haciendo de sus percepciones, metáforas de la vida.

Por otra parte, en los poemas de amor de El libro de los chicos enamorados (1979), se anula la percepción naturalizada de la infancia en la que las conductas tanto sociales como sexuales los niños son subalternizadas[6], y se postulan nuevos sentidos donde el amor, la amistad y el dolor son también patrimonio legítimo de los chicos y no como el motivo para una moraleja pedagógica sino como definición existencial. Pero además, se rompe con la idea de una familia patriarcal porque se postulan amores más allá de lo que las instituciones sociales establecen y promueven, dado que ese amor entre niños está claramente legitimado en la subversión del juego y la autenticidad del mismo. Dice uno de los poemas: “…¿Con cuál de tus barriletes/echó a volar tu promesa,/ aquella de ‘siempre juntos’?/Ya verás si no regresas./ Será mejor que la cumplas/o yo le cuento a tu madre/que me has dejado sin novio/y a mis muñecas sin padre.” (106).

Se afirma en la contratapa del libro publicado por Librerías Fausto: “…escribir un libro de poemas de amor especialmente concebido para los niños, creado sobre la base de sus primeras sensaciones y su inocente modo de sentirlas y expresarlas…”

fausto

El mundo como el lugar de todos los posibles está concebido en cada uno de los libros de Elsa Bornemann, sin embargo, Un elefante ocupa mucho espacio(1975)[7]  es paradigmático porque resulta ser un texto cuyas historias –acontecidas en lugares de todos los posibles- son expuestas como fundantes de esos lugares; allí realmente todo puede suceder: los animales pueden reclamar, reunirse, elegir libremente y buscar la igualdad; los adultos pueden plantear soluciones poco usuales –por poco rentables- pero muy felices; los niños pueden comprender el revés del mundo y reconocer la poesía del mundo hecha no de palabras sino de imágenes capaces de anular las verdades estereotipadas y así no hay muerte, ni poderosos, ni madrastras, ni casas de ladrillo y cemento que se puedan vender. Hay niñas con cabellos largos capaces de transformarse en pura noche y niños que en comunión con la naturaleza descubre y enseña lo que es una caricia.

La palabra que subvierte[8]

Un elefante ocupa mucho espacio señala la subversión instalada en el mundo, el mundo en el que los chicos pueden probar, experimentar y seguir jugando, tal vez por eso Un elefante ocupa mucho espacio fue prohibido en 1977 por el decreto 3155 del Poder Ejecutivo Nacional a cargo de la Junta militar, porque: “…se trata de cuentos destinados al público infantil con una finalidad de adoctrinamiento que resulta preparatoria para la tarea de captación ideológica del accionar subversivo […] de su análisis surge una posición que agravia a la moral, a la familia, al ser humano y a la sociedad que este compone”.[9]

En realidad, Un elefante ocupa mucho espacio es un libro que reúne quince cuentos en los que la imaginación es la fundadora de esos lugares posibles; y eso, ya se sabe, para algunos, es un arma filosa.

Vivir en la infancia

Elsa Bornemann estaba destinada a ese mundo -el lugar de todos los posibles- porque como ella misma lo declara en varias entrevistas, es hija de Blancanieves y de un relojero alemán, es hermana de otras dos niñas y vive en una casa habitada por gatos. Parece imposible no ver allí, en su propia biografía, un mundo mágico en el que todos los elementos ayudan a configurarlo porque coexisten todos los personajes de los cuentos: Blancanieves, el relojero, las tres hermanitas, los animales. Y las palabras. Palabras mágicas. Donde el mundo burgués, el de los adultos y sus apuros de la vida cotidiana pueden detenerse.

Para Walter Benjamín la infancia es una especie de tierra del desembarco, donde siempre se está llegando y donde no hay intención de salida[10] (12). Allí, a esa tierra siempre nueva, parece haber llegado –y quedarse- Elsa Bornemann para vivir en la infancia.

Y en esa tierra siempre nueva, las percepciones de los chicos importan porque por ellas, los chicos son capaces de aceptar y transformar -sin enojos, sin violencias, sin egoísmos- el mundo. De este modo “…El mundo de los niños aparece […] como el reino donde la maldición de ser útiles podría suspenderse dada la marginalidad que les corresponde en el sistema productivo de los adultos…” (Benjamín 13). Por eso, lo ideal es quedarse del lado de los niños porque los adultos “…crecieron del lado equivocado…” (Benjamín 13).

En ese mundo nuevo, fundado por una percepción lúdica[11], la experiencia de los sujetos es transformadora. Por ejemplo en el cuento “Caso Gaspar”, el protagonista ya no es un niño, es un hombre que debe trabajar; y sin embargo, en su historia actúa con la misma lógica que el infante: se atreve a la desobediencia y logra imponer nuevas reglas, las de la lógica de su propio cuerpo. Así es que cansado de usar los pies para trabajar, cansado de esa rutina, propone una transformación de ese mundo adulto:

…Aburrido de recorrer la ciudad con su valija a cuestas hasta vender –por lo menos- doce manteles diarios, harto de gastar suelas, cansado de usar los pies, Gaspar decidió caminar sobre las manos […] ¡Ninguna persona confiaba en ese vendedor domiciliario que se presentaba caminando sobre las manos! […] me rechazan porque soy el primero que se atreve a cambiar la costumbre de marchar sobre las piernas… Si supieran qué distinto se ve el mundo de esta manera, me imitarían… (2011: 20).

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Ilustración de O´Kif-MG para “Un elefante ocupa mucho espacio”. Buenos Aires: Alfaguara, 2011. 2º ed. 9º reimpr.

También el cuento “El pasaje de la Oca” muestra el mundo de los adultos capaz de ser transformado por el accionar de esos mismos adultos que se atreven a ser distintos asumiendo que la realidad es plausible de ser maravillosa, sin sorprenderse por lo imposible:

…El Pasaje de la Oca podría ser enrollado como un tapiz y trasladado a otra parte […] ¡Se quebrarían todas las copas! ¡Se harían añicos las jarras y los floreros de vidrio! […] Podrían contratar un hechicero de la India para que colocara el pasaje sobre una alfombra voladora y lo llevara, por el aire, a otra región. Pero la India quedaba lejos de allí… y el viaje por avión costaba demasiado dinero […] ¡Encontré la solución! Escuchen: nos dividiremos en dos grupos y cada uno tomará el pasaje por un extremo. Los de adelante tirarán de la calle con todas sus fuerzas y los de atrás la empujarán con vigor. De este modo, podremos despegarla y llevarla –arrastrando- hasta encontrar un terreno libre donde colocarla otra vez… (2011: 46-47).

Los personajes –niños o seres con la capacidad perceptiva de los niños- observan, interpretan y dan sentido a la realidad, subvierten las categorías sociales instaladas a partir de las cuales los adultos califican, clasifican y entienden el mundo.

La literatura no es pedagogía

Walter Benjamín en Los escritos, la literatura infantil, los niños y los jóvenes subraya que la literatura infantil debe quedar separada de la pedagogía racionalista; sin embargo, hemos observado que:

…la literatura infantil, tal vez por su estrecha vinculación con la escuela, parece haber heredado dos de las funciones ancestrales de la literatura tradicional: la transmisión y la educación. La transmisión aseguraba –y asegura todavía- la reproducción de conductas esperables en la sociedad: repetición de roles, cristalización de ideas, legibilidad de símbolos. La educación se revelaba, entonces, como el canal más puro para la implantación de una moral social y comunitaria que aseguraba la repetición de roles, la cristalización de ideas y la legibilidad de símbolos. Roles, ideas y símbolos que eran enseñados –e instalados por la fuerza de la reiteración- por medio de la palabra literaria que, por supuesto, debía ser correcta, bella, pura, limpia, ‘adulta’, ‘legítima’, ‘ajena’.

La escritura para chicos, sin embargo, implica, en primer lugar, pensar en la escritura misma como producción de sentidos, como engendradora de significaciones y, generadora de representaciones –símbolos- sociales, sexuales, morales, etc.- flexibles, cambiantes… (Badano 2011: 27).

En los cuentos de Un elefante ocupa mucho espacio se desplaza el sentido cristalizado para mostrar las rupturas.

Así por ejemplo, en “La madrastra”, la narradora heterodiegética toma un motivo del modelo tradicional de los relatos infantiles (la orfandad) e invierte las conductas de los actantes tradicionales, es decir las de los niños huérfanos y la madrastra malvada porque la figura de la madrastra se presenta de otro modo: es joven, es buena y quiere a los niños, y así se genera un desvío de las normas en las que se daban las cristalizaciones morales inscriptas en aquellos cuentos. Bornemann lo señala desde la relación intertextual:

…Y la abuela les contaba entonces esos cuentos viejísimos que casi todas las abuelas saben de memoria: Blancanieves y los siete enanitosLa CenicientaHansel y Gretel […] en cada uno de esos cuentos aparecía la madrastra, una mujer mala como un ogro que hacía sufrir a los chicos que no tenían mamá, justamente como ellos dos. […] Claro, Miguel y Susana sabían que habían encontrado una madrastra de carne y huesos, no una escapada de esos cuentos viejos, escritos para asustar a los chicos… (2011: 72-77).

También, en los cuentos de Bornemann se promueven rupturas respecto de la organización familiar y sus relaciones como sucede en “Sobre la falda” y en “La casa-árbol”. En ambos, la familia se organiza a partir de un deseo propio, ‘desobedeciendo’ los comportamientos establecidos en la sociedad y dentro de la familia incapaz de reproducir esos modelos.

la familia
Ilustración de O´Kif-MG para “Un elefante ocupa mucho espacio”. Buenos Aires: Alfaguara, 2011. 2º ed. 9º reimpr.

En “Sobre la falda”, entre los miembros de la familia se establece una relación física que implica una ruptura del orden tradicional en las relaciones y en los comportamientos y sostienen esa costumbre a pesar de los impedimentos y juicios ajenos:

…Los Lande formaban una buena familia: papá Tomás, mamá Clara, Tomasito y los mellizos. Una familia parecida a cualquier otra, aunque diferente solo por un pequeño detalle, por una costumbre distinta: a los Lande les gustaba sentarse uno sobre la falda de otro […]

-¡Socorro! ¡Hay cinco locos en la sala! […]

-¡No, no y no! ¡No nos sentaremos separados –chilló mamá Clara […]

La familia Lande abandonó el cine enojada:

-¿Sentarnos separados? ¡Jamás!… (2011: 58-59).

En “La casa-árbol”, los protagonistas –personas y/o pájaros- plantean su perspectiva lúdica del mundo en la que las cosas ‘son’ otras y se atreven a vivir de un modo distinto, subvirtiendo todo orden establecido aunque ello implique la mirada prejuciosa de los demás:

La casa en la que mis dos hermanos y yo crecimos era lo más parecido a un árbol que puedan imaginarse. Para ser sincera, debo decirles que ERA un árbol. La construyó papá, elevándola sobre sólidas raíces, colocando con esmero rama por rama, pegándole hoja tras hoja durante el último mes de cierta primavera.

Cuando estuvo lista, los comentarios de nuestros vecinos agitaron su follaje de tal modo que –por varios días- no nos fue posible habitarla: una tormenta de murmuraciones la doblaba en extrañas reverencias… (2011: 91).

Y entonces, reaparecen los cuestionamientos a propósito de la producción para un público infantil. Hay que ¿enseñar? ¿transmitir? ¿recuperar? La literatura para chicos, pretende señalar que la palabra es juego, deseo, voz propia. (Badano 2011: 31).

El deseo como motor de las palabras fundadoras de nuevas –otras- realidades pone en evidencia esas rupturas que señalan una perspectiva diferente del mundo e instalan el otro-posible, el revés de ese mundo donde todo puede suceder. Por ejemplo en “Un elefante ocupa mucho espacio”, los animales no solo tienen voz sino que tienen capacidad reflexiva. Libremente pueden elegir cómo quieren vivir y generar la inversión del mundo que habitan: “…-¡Ya no vamos a trabajar en el circo! ¡Huelga general, decretada por nuestro delegado, el elefante! […]

Entretanto, Víctor y sus compañeros trataban de adiestrar a los hombres:

-¡Caminen en cuatro patas y luego salten a través de estos aros de fuego…” (2011: 12-13).

O  en “El año verde” donde el joven a fuerza de voluntad e imaginación logra torcer la realidad inamovible creada por el rey autoritario y poco noble que los gobierna. Y cuando, esa realidad revela lo fugaz de su condición, no hay angustia ni frustración sino la asunción natural de los hechos:

…en la última semana de cierto diciembre, un muchacho toma una lata de pintura verde y una brocha […] ¡Si todos juntos lo soñamos, si lo queremos, el año verde será el próximo […] Ese mes de enero llueve torrencialmente. La lluvia destiñe al pueblo y todo el verde cae al río y se lo lleva el mar, acaso para teñir otras costas… Pero ellos ya saben que ninguna lluvia será tan poderosa como para despintar el verde de sus corazones, definitivamente verde. Bien verdes, como los años que –todos juntos- han de construir día por día. (2011: 81-82).

La literatura que dice

Pero a la vez, la escritura para chicos obliga a pensar en ellos, en los lectores a los que va dirigida y en el mundo que esos lectores perciben. Para poder nombrar ese mundo es necesaria una palabra que sea lúdica y que por eso, a veces, que esté maltrecha y un poco sucia. (Badano 2011).

“Una trenza tan larga” es la historia de una chica que tenía un bello y larguísimo pelo negro que ella se atreve a soltar y así, jugarle competencias a la noche porque las estrellas confundidas –o tal vez enamoradas de ese pelo- se desprenden del cielo y se abrigan en la cabellera de la niña.

una trenza
Ilustración de O´Kif-MG para “Un elefante ocupa mucho espacio”. Buenos Aires: Alfaguara, 2011. 2º ed. 9º reimpr.

Margarita, la protagonista, se manifiesta dueña absoluta de su cuerpo, no corta su pelo ni lo quiere hacer y se enfrenta a quienes pretenden obligarla. Ese largo, larguísimo pelo negro se mueve suelto, a diferencia de  la melenita castaña que apenas rozaba los hombros de la hermana mayor y los escasos rulitos que se apretaban en coronita rubia de la mediana (27). Ella es diferente y acepta las diferencias sosteniendo la certeza de que el mundo puede ser transformado por su voluntad:

…Cuando llegaron las vacaciones, sus papás decidieron hacer un viaje en barco.

-¡Tendremos que cortarte el pelo! –volvió a insistir su hermana mayor […]

Pero a Margarita se le ocurrió algo, también en esa oportunidad, y no fue necesario cortarle la trenza.

Durante el viaje en barco la dejó caer desde la borda al agua. Su trenza abrió un caminito negro en el río […] Su trenza negra […] sigue siendo, a veces, un retacito de la misma noche, bordado por los bichitos de luz… o una nube oscura, sobre la que el viento sopla pájaros, libélulas, mariposas, langostas y vaquitas de San Antonio… o simplemente una trenza, una trenza tan larga… (2011: 30-31).

También en los cuentos “Potranca negra” y “Niebla voladora” el mundo presentado es el comprendido por los chicos. Para el niño narrador de “Potranca negra”, la realidad circundante, la naturaleza de ella es transformada por esa mirada creadora de modo tal que la noche está personificada y de ese modo, el niño no se siente solo ni con miedo. En el cuento “Niebla voladora” la realidad vuelve a ser transformada por la mirada niña que no da cuenta de la muerte de su mascota pero no por un acto de ingenua negación sino para imponer esa otra realidad (el otro posible):

…Entonces vio pasar a Niebla, volando entre lluvia y noche sobre los árboles, sobre las veletas, sobre los techos de las últimas casas de la cuadra, sobre la torre de la iglesia –con su colita ondulando en el vacío-, hasta que no fue más que un punto de humo en el horizonte […] yo sé que Tina solo espera el regreso de su gata y sé –también- que Niebla volverá alguna noche, volando sobre los tejados, en busca de esa querida parra que filtra la luna sobre el patio… en busca de esa querida niña… (2011: 54).

El mundo percibido por los personajes de los relatos de Un elefante ocupa mucho espacio corresponde a una subversión del mundo ordinario, común y es narrado por voces capaces reconocer los dobleces de ese mundo y ‘decirlos’ a partir de un discurso metafórico. Ricoeur indica que la metáfora es el mejor instrumento para promover el sentido (65), así es que la metáfora se inscribe  “…como el recurso fundamental para mostrar el modo en que actúa la referencia  aun sin ser enunciada porque la metáfora expresa una definición sin decirla…” (Badano 14).

Los personajes de los relatos de Un elefante ocupa mucho espacio -niños, animales, hombres y mujeres- se atreven a convivir sin las leyes impuestas por la racionalidad y la lógica del mundo adulto y crean una realidad propia en la que no es posible la subordinación al otro sino, únicamente, al deseo propio. Deseo que es voz, voz que es risa, risa que es capaz de subversiones generadoras de nuevas versiones del mundo donde Elsa, la artista y los niños ‘andan del brazo’.

Bibliografía

Badano, Valeria. Escribir para chicos. La infancia y las escritoras. Una aproximación a las poéticas de tres autoras argentinas. Buenos Aires: Nueva Generación, 2011.

Benjamín, W.: La literatura infantil, los niños y los jóvenes. Ediciones Nueva Visión, Bs.As., 1989, Colección Diagonal. Estudio Preliminar: Giulio Schiavoni.

Bornemann, Elsa. El libro de los chicos enamorados. Buenos Aires: Ediciones Librerías Fausto, 1979.

———————. Un elefante ocupa mucho espacio. Buenos Aires: Alfaguara, 2004.

López- Luaces, Marta. Ese extraño territorio. La representación de la infancia en tres escritoras latinoamericanas. Chile: Cuarto propio, 2001.

Ricoeur, Paul. La metáfora viva. Madrid: Ediciones Europa, 1980.


[1] En Walter Benjamin 28.

[2] Me niego a utilizar el pretérito en cualquiera de sus formas para hablar de la obra siempre vigente de esta gran escritora argentina.

[3] Solo por nombrar dos ejemplos de uno de los libros trabajados aquí. También podemos pensar “Mil grullas” de No somos irrompibles, aunque toda la obra de nuestra autora revela esta relación entre percepción y poética.

[4] Tomado de Giulio Schiavoni en la introducción de Benjamin, W. Los escritos, la literatura infantil, los niños y los jóvenes.

[5] En la edición de Editorial Orión.

[6] Me refiero que son ‘dichas’ y significadas desde la percepción de los adultos sin que esas experiencias sean valoradas por lo que los sujetos niños. Ellos parecen estar silenciados en la experiencia de sus sentimientos o desvalorizados.

[7] Y en 1976 fue distinguido al ser incluido en el Cuadro de Honor del Premio Internacional ‘Hans Christian Andersen’ otorgado por IBBY (international Board on Books for Young People) por considerarlo “un ejemplo sobresaliente de literatura con importancia internacional”.

[8] Propongo la palabra con capacidad de subversión para dar cuenta del trabajo poético de Elsa Bornemann (y así resignifico la idea de ‘subversión’ que fue utilizada por la Junta Militar para prohibir Un elefante ocupa mucho espacio. Por otra parte, baso mi trabajo en las lecturas de tres libros, a mi entender, fundamentales y fundacionales de la poética de Bornemann, no solo por tratarse de algunos de los primeros libros publicados sino por las resonancias que ellos aún desarrollan.

[9] Citado de Un elefante ocupa mucho espacio (9º reimpr.) 2011: 102.

[10] Definida por Benjamín y mencionada por Schiavoni en su estudio preliminar a Los escritos, la literatura infantil, los niños y los jóvenes como una categoría a la vez histórica y mítica.

[11] El juego y sus reglas instalan el revés –la subversión- del mundo de los adultos.

(*) Valeria Badano

(valeriabadano@gmail.com)

Profesora universitaria en Letras (UM), Licenciada en Letras con orientación en Lingüística (UM), Especialista en Estudios de las Mujeres y el Género (UNLu), doctoranda en Estudios de las Mujeres y el Género (UNLu). Narradora, ensayista, dramaturga. Docente universitaria e investigadora. Entre sus publicaciones de estudio: Escribir para chicos. La infancia y las escritoras. Una aproximación a las poéticas de tres autoras argentinas. (Nueva Generación 2011). Ha escrito obras de ficción para adultos y para chicos. Premio Anual Mujeres Innovadoras 2010 en el rubro Letras, otorgado por el Senado de la provincia de Buenos Aires.

Un pensamiento en “Elsa Bornemann y el lugar de todos los posibles”

  1. Gracias por este trabajo, es excelente y nos introduce en el mundo de la talentosa Elsa Bornemann de una manera innovadora. Una vez más afirmo: es un orgullo haber sido tu alumna… Bárbara.

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