Adelanto de “Cuentos, leyendas y coplas populares latinoamericanas II” de María Luisa Miretti

Presentamos un adelanto de la introducción y algunas páginas del último libro de María Luisa Miretti (comp.) Cuentos, leyendas y coplas populares latinoamericanas II, editado por Homo Sapiens Ediciones, Rosario 2013.

Por María Luisa Miretti (*)

Cuentos_coplas

Introducción

 

Con la barriga acariciada por el agua del río, Dulcidio

duerme la siesta.

Cuando abre un ojo, la ve. Ella está leyendo. Él nunca en su vida ha visto mujer con anteojos.

Dulcidio arrima la nariz:

–¿Qué lees?

Ella aparta el libro y lo mira, sin asombro y dice:

–Leyendas.

–¿Leyendas?

–Voces viejas.

–¿Y para qué sirven?

Ella se encoge de hombros:

–Acompañan –dice.

 

Eduardo Galeano

Las palabras andantes

"Anima mea", punta seca, ilustración de MANAROLA
“Anima mea”, punta seca, por Natalia manarola Rosales

La estrecha relación entre literatura y folklore advierte sobre el cuidado en el manejo de ciertas categorías que pueden permanecer en ambos campos, o deslizarse muy sutilmente entre sus fronteras. Si bien cada cual tiene sus códigos, son las semejanzas las que incitan a la búsqueda de paralelos, dado que implica el abordaje de la palabra poética. Y es aquí donde ya aparecen algunas diferencias.

El folklore posee una poética suya propia, diferente de la de las obras literarias, sostenía Propp[1]. Desde esta óptica, los caminos se bifurcan porque, a pesar de las coincidencias, cada cual maneja sus propios géneros poéticos (aunque ciertos géneros propios del folklore muchas veces invaden el territorio de la narrativa ficcional literaria). Otra diferencia que legitima a ambos consiste en que las obras literarias tienen autor, a diferencia del folklore (anónimo), sumado a la estructura de ciertos géneros, a determinadas licencias expresivas o a la intencionalidad del discurso poético.

Pero la distancia mayor –si es que se puede calificar de esta manera– estriba en la propia génesis creativa de cada una. Al abordar uno y otro texto –literatura y folklore– estaremos ante formas diferentes de concebir y de comprender el mundo.

Ambos surgen de la necesidad de expresión, pero lo que uno hace desde una estética particular, intentando provocar al receptor hacia un camino de placer, libertad y recreación, el otro lo hace para testimoniar o justificar una cuestión básica que, surgida o no de ritos o mitos cosmogónicos, desea penetrar en otras dimensiones para dilucidar los misterios de la vida, descorrer los velos y poder entender los interrogantes que lo atraviesan.

el infierno- t mixta
“El infierno”, técnica mixta, por Natalia manarola Rosales

Hay preguntas tan elementales, que van desde “la cosa” ¿qué es esto? hasta aquellas profundas, relacionadas con la finitud, el transcurrir y el devenir terreno que suelen sumir en la angustia, por falta de una explicación lógica y coherente.

A la luz del folklore es posible acceder a numerosos rituales y costumbres que pueden llegar a demostrar “tras las líneas” o en “lo no dicho” la organización social y política de una comunidad, sus luchas y ambiciones.

Si bien tanto un cuento literario como uno de raíz folklórica exigen, previo a su análisis metodológico y valorativo, conocer el contexto sociohistórico de producción, ambos abordajes conducirán por derroteros distintos. Valorar un texto literario es dinamizar el pensamiento para elaborar un juicio crítico autónomo, a partir del impacto generado por el texto y la relación dialógica establecida. Frente a una manifestación folklórica en cambio –en cualquiera de sus géneros–, se accedería a las bases que fundamentan la forma de ser y de actuar de determinados pueblos.

Las escenas y las historias de cada relato folklórico revelan ritos y costumbres que permiten entender, o por lo menos explicar, las razones de ciertos procedimientos ante determinadas situaciones –nacimiento, vida, muerte–, incorporados en la matriz conceptual de cada cultura y reproducidos al infinito por generaciones enteras que, aun con ciertas variantes (también interesantes, por la impronta que cada época impone –que quita o agrega–), mantienen incólume las creencias originales.

En tal sentido, es necesario recordar que cada grupo humano, cada etnia, raza o comunidad, al intentar explicar su propia historia, está generando su leyenda, esa forma particular de justificar un hecho o un sucedido.

Este libro, como un puente o extensión del anterior Cuentos, leyendas y coplas populares latinoamericanas[2], intenta acercar un corpus (breve) de testimonios latinoamericanos que, luego de intensos recorridos efectuados por la divulgación oral de la tradición y sus variantes, ha sido celosamente custodiado y resguardado, gracias a la atenta vigilia de cada pueblo. Similar al anterior, las piezas ofrecidas han sido retocadas –en otras se señala la fuente documental responsable–, pero en su gran mayoría son una versión libre del original o de las adaptaciones circulantes.

Si bien la tarea siempre resulta incompleta, esta propuesta pretende satisfacer y ampliar la demanda generada por el anterior, como así también alimentar la insaciable curiosidad por seguir nutriéndose en estas fuentes, sin olvidar destacar el agradecimiento por las reiteradas lecturas que motivaron la concreción de este nuevo compilado.

Para tales fines, se ha estructurado en torno a un eje diferente del anterior: la transformación de los seres –mágicos– que adquieren protagonismo en cada relato. Por eso habrá un apartado especial referido a duendes, hadas y brujas (conjuros, hechizos y supersticiones), con el fin de observar la multiplicidad de versiones sobre un mismo tema.

La Cumbrecita, 2010

"Le soleil", monocopia, por MANAROLA
“Le soleil”, monocopia, por Natalia manarola Rosales

Coplas populares latinoamericanas

Los cuentacuentos, los cantacuentos, sólo pueden contar mientras la nieve cae. Así manda la tradición. Los indios del Norte de América tienen mucho cuidado con este asunto de los cuentos. Dicen que cuando los cuentos suenan, las plantas no se ocupan de crecer y los pájaros olvidan la comida de sus hijos.

Eduardo Galeano

Las palabras andantes

Hacer una pausa y disponerse a pensar en el significado de un poema o de un verso repetido casi automáticamente, permitiría entender los efectos provocados por la tradición oral, en infinitas versiones, generadas por y desde diferentes contextos sociohistóricos, no siempre coincidentes con los sitios donde actúan, circulan o están instaladas actualmente.

Mientras ciertas etapas de la niñez reactualizan coplas, rondas, trabalenguas, retahílas y corros, sería interesante reflexionar sobre algunos juegos y rondas como Mambrú, la Farolera o de los oficios (qué oficio le pondremos, mantantero liru la…), para develar la carga ideológica de los originales, tan ajenos a la realidad a la que se transplantaban y tan ingenuamente revividos por otras gentes, en otras latitudes.

La Literatura, y más específicamente la Literatura para niños como expresión estética, llegó tardíamente al territorio latinoamericano, de la mano de las manifestaciones europeas. En la República Argentina durante mucho tiempo se abrevó en tradiciones ajenas a su idiosincrasia. Tanto la influencia francesa y con más profundidad, la española, marcaron verdaderos hitos en el campo literario, donde las canciones de cuna hasta las adivinanzas y los juegos más inocuos venían teñidos del color de otras banderas, sumado al posterior sentimiento de nostalgia y añoranza por el desarraigo de cada inmigrante, que supo trasmitir a sus descendientes su propia historia. Todo esto incidió –lógicamente– en la entrada tardía de letras y canciones en el nuevo territorio.

"Marino 1", xilografía, por MANAROLA
“Marino 1”, xilografía, por Natalia manarola Rosales

Con algunas variantes, lo mismo fue sucediendo en todo el continente latinoamericano; sin embargo, muchos de ellos han sido celosos custodios de tradiciones y costumbres nativas y han logrado sostener el sustrato básico que los identifica. La tarea de reintentar remover la memoria colectiva para recuperar el remanente de la tradición oral de cada región se duplica en cada desafío por recuperar la palabra, el relato o el canto, como manifestación o patrimonio del pueblo latinoamericano.

El hombre o la mujer que pensó un poema y lo verbalizó en una copla no sólo está ofreciendo una poética particular sino, y fundamentalmente, su visión de la existencia, sus misterios, sus dudas y sus aciertos.

Conocer esas manifestaciones, muchas de ellas anónimas, revela una forma particular de pensamiento, antes y después de la conquista.

En este apartado ofreceremos algunas expresiones poéticas que juegan entre el pasado y el presente, entre lo heredado y lo genuino, y que aún perviven.

Coplas populares

Los besos que dan las madres

dicen que son los mejores,

eso será pa’ los chicos

pero no pa’ los mayores.                              

**

Cuando Dios formó este mundo,

hizo los hombres de barro,

pero para hacerlo a usted

tuvo que raspar el tarro.

**

Cuantito te vi venir

le dije a mi corazón:

qué piegrita tan churita

para darme un tropezón.

**

En la falda de un cerro

cantaba un zorro,

le salieron los perros,

y se apretó el gorro.

**

Apostaron a correr

el sapo y la comadreja,

castigaron todo el tiro,

ganó el sapo por la oreja.

**

"Confluencia", técnica mixta, por Natalia manarola Rosales
“Confluencia”, técnica mixta, por Natalia manarola Rosales

En el fondo de la mar

suspiraba un tero-tero

y en el suspiro decía:

¡Qué lindo es vivir soltero!

**

A mí no me gusta el vino,

ni tampoco el aguardiente,

a mí me gustan las mozas

de los quince hasta los veinte.

**

Es una cosa sabida

que uno más uno hacen dos,

pero una mujer y un hombre,

o son uno o nada son.

Coplas de fuentes diversas: los cancioneros de J. A. Carrizo y H. J. Becco, discos documentales, y recopilaciones de A. R. Cortazar.

*  Carnavalescas

Amada cajita mía,
los dos debemos cantar:
tú con tu suave armonía
yo con mi voz desigual.

Este año pa’l carnaval
mi apero no tiene cincha;
como quiera pasaré,
como vinchuca en la quincha.

De día voy al trabajo,
de noche salgo a cantar,
cantando como el coyuyo
anunciando el carnaval.

Cuando llega el carnaval
no almuerzo ni ceno nada;
me mantengo con las coplas,
me duermo con la tonada.

Nueve días pa’ gozarlos
al carnaval. ¡Achalay!
Dende el sábado de víspera
hasta el domingo i’ Pujllay.

*  Comidas

Traigo charqui de mi pago
traigo arrope de chañar,
traigo mistol de Santiago
remedio de todo mal.

Pobrecito don maicito,
también tiene su desdicha,
lo llevan para el molino
lo muelen y lo hacen chicha.

* De amor

A mí no me gusta el vino,
ni tampoco el aguardiente;
a mí me gustan las mozas
de los quince a los veinte.

Mi madre me dio una soba
porque me quise casar;
mi madre, déme otra soba
y ayúdemelo a buscar.

El amor es un bicho
que cuando pica,
no se encuentran remedios
ni en la botica.

"Sin título", monotipia, por Natalia manarola Rosales
“Sin título”, monotipia, por Natalia manarola Rosales

De sentencias

Las muchachas bonitas
corren peligro,
como el quirquincho bola
junto al camino.

Es una cosa sabida
que uno más uno hacen dos;
pero una mujer y un hombre,
o son uno o nada son.

Tan arriba te levantas
que al cielo quieres llegar;
las estrellas se han de reír
del golpe que te has de dar.

Compilado por Nidia Cobiella.

*   Ocurrencias

*Todos los días me paso
como garza en la laguna,
con el pescuezo estirado
sin esperanza ninguna.

*A la orilla de la mar
estaba un sapo desnudo,
poniéndose las espuelas
para montar un peludo.

*Alojita de algarroba
molidita en el mortero,
que se sube a la cabeza
como si fuera sombrero.

* Amores y dinero
quitan el sueño;
yo, como no los tengo,
muy bien que duermo.

*A orillas de una laguna
estaba un sapo con otro:
uno estaba de levita
y el otro de bota i potro.

* A orillas de una laguna
estaba un sapo en cuclillas,
con la navaja en la mano
haciéndose la patilla.

*Cazador salió a cazar
patitos a la laguna.
Salió el patito y le dijo:
cazarás, pero las plumas.

*Cuando pasé por tu casa,
estaba un cuero colgado,
yo le dije: ¡buenas tardes!
Y el cuero quedó callado.

*Cuando salí de mi tierra
de nadie me despedí,
sólo de una pobre vieja
que estaba moliendo ají.

"Panóptico", monocopia, por Natalia manarola Rosales
“Panóptico”, monocopia, por Natalia manarola Rosales

*El amor es como el dulce,
cucharita de nogal,
revolveme noche y día
que no me quiero quemar.

* El amor ha de ser uno,
eso bien lo sabés vos;
no tiene amor por ninguno
aquella que quiere a dos.

* El día que tú naciste
¡qué triste se puso el sol!
al ver que otro sol nacía
con mucho más resplandor.

*Que te quise cierto fue,
que te olvidé, no es mentira;
que las hojas en las ramas
no duran toda la vida.

Canciones populares infantiles

Que salga, que salga,

que la queremos ver bailar,

saltar y brincar

dar vueltas al aire

y nunca parar.

Estaba la pájara pinta,

sentada en un verde limón.

Con el pico picaba la hoja,

con la hoja picaba la flor.

¡Ay mi amor!

Dame una mano,

dame la otra,

dame un besito

para tu boca.

Nanas, canciones de cuna, para dormir, para jugar y disfrutar

 

Arroró mi niño

Arrorró mi niño,

arrorró mi sol,

arrorró pedazo,

de mi corazón.

Este niño lindo
ya quiere dormir;
háganle la cuna
de rosa y jazmín.

Háganle la cama
en el toronjil,
y en la cabecera
pónganle un jazmín
que con su fragancia
me lo haga dormir.

Arrorró mi niño,
arrorró mi sol,
arrorró pedazo,
de mi corazón.

Esta leche linda
que le traigo aquí,
es para este niño
que se va a dormir.

Arrorró mi niño,
arrorró mi sol,
arrorró pedazo,
de mi corazón.

Este lindo niño
se quiere dormir…
cierra los ojitos
y los vuelve a abrir.

Arrorró mi niño,
arrorró mi sol,
duérmase pedazo,
de mi corazón.

"Centro vital", monocopia, por Natalia manarola Rosales
“Centro vital”, monocopia, por Natalia manarola Rosales

Variantes

*  Este nene lindo

Este nene lindo
se quiere dormir,
y el pícaro sueño
no quiere venir.

Este nene lindo
que nació de noche,
quiere que lo lleven
a pasear en coche.

*  Yo tenía una gallinita

Yo tenía una gallinita,
corococó.
Diez centavos me costó,
corococó.
La compré por la mañana,
corococó.
Por la tarde se murió,
corococó.
Yo no lloro por la gallinita,
corococó.
ni tampoco por los centavos,
corococó.
Sólo lloro por los pollitos,
corococó.
Que decían pío, pío, pío.
Corococó.

 

*  Muy buen día, su señoría

–Muy buen día, su señoría.
–Mantantiru-Liru-Lá!
–¿Qué quería su señoría?
–Mantantiru-Liru-Lá!
–Yo quería una de sus hijas,
–Mantantiru-Liru-Lá!
–¿Cuál quería su señoría?
–Mantantiru-Liru-Lá!
–Yo quería la más bonita,
–Mantantiru-Liru-Lá!
–¿Y qué oficio le pondremos?
–Mantantiru-Liru-Lá!
–Le pondremos de modista,
–Mantantiru-Liru-Lá!
–Ese oficio no le agrada,
–Mantantiru-Liru-Lá!
–Le podremos de pianista,
–Mantantiru-Liru-Lá!
–Ese oficio no le agrada.
–Mantantiru-Liru-Lá!
–Le pondremos de cocinera.
–Mantantiru-Liru-Lá!
–Ese oficio no le agrada.
–Mantantiru-Liru-Lá!
………

–Le pondremos de princesita.
–Mantantiru-Liru-Lá!
–Ese oficio sí le agrada,
–Mantantiru-Liru-Lá!
–Celebremos todos juntos.
–Mantantiru-Liru-Lá!

 

* Se me ha perdido una niña

Se me ha perdido una niña,
cataplín, cataplín, cataplero,
se me ha perdido una niña
en el fondo del jardín.

Yo se la he encontrado,
cataplín, cataplín, cataplero,
yo se la he encontrado
en el fondo del jardín.

Haga el favor de entregarla,
cataplín, cataplín, cataplero,
haga el favor de entregarla,
del fondo del jardín.

¿En qué quiere que la traiga,
cataplín, cataplín, cataplero,
en que quiere que la traiga
del fondo de jardín?

Tráigamela en sillita,
cataplín, cataplín, cataplero,
tráigamela en sillita,
del fondo del jardín.

Aquí la traigo en sillita,
cataplín, cataplín, cataplero,
aquí la traigo en sillita,
del fondo del jardín.

(*) María Luisa Miretti

Directora Maestría en Literatura para niños de la Facultad de Humanidades y Artes de Universidad Nacional de Rosario (UNR)

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