SAÚL OSCAR ROJAS: UN IMAGINERO GRÁFICO

Por Cristina Pizarro (*)

“Primer domingo”, en “Los siete domingos” de Saúl Oscar Rojas

Resumen

El propósito de este artículo es considerar la obra plástica de Saúl Oscar Rojas como ilustrador de libros para niños y jóvenes en el contexto de la cultura de la imagen y su inserción en el campo de la Literatura.

Se hace imprescindible establecer conexiones entre la imagen y la escritura como elementos  integrados y constitutivos del hecho escriturario. Un corte paradigmático  y diacrónico nos permite observar la evolución histórica de la escritura, herencia y tradición de los pueblos milenarios.

Es importante establecer una relación entre el niño, el libro de la literatura y la cultura de la imagen, señalando la relación entre la imagen de la palabra y las imágenes visuales de la plástica. La observación de las imágenes nos invita a reflexionar sobre los valores y sus limitaciones y  posibilita destacar la diferencia entre las imágenes de un libro de imágenes y las imágenes de una ilustración, observando su función, finalidad, importancia para tener los fundamentos indispensables que nos permitan acercarnos a la valoración de los libros con imágenes.

La vasta obra plástica de Saúl Oscar Rojas se erige en un modelo de creación estética que genera en el espectador la recreación de un universo propio.

Palabras clave

Saúl Oscar Rojas – imagen y escritura – libro – cultura grafo-plástica – ilustración – Los siete domingos- ¡Oh, brinca!

Introducción

Como punto de partida podríamos interrogarnos lo siguiente:

¿Qué nos permite conocer o anticipar el estudio del arte rupestre con respecto de las características de las imágenes en las ilustraciones de los libros infantiles?

¿De qué modo se va construyendo el espacio y el tiempo en la representación de las imágenes en el mundo infantil?

Siguiendo el proceso evolutivo desde los cazadores, recolectores, pastores hasta que se asienta una economía más compleja en los pueblos nómades y sedentarios, es notable observar que en los pictogramas se representan, primero, secuencias lógicas sencillas, luego, escenas sencillas, situaciones anecdóticas y descriptivas, instantes de la vida familiar y después, escenas de carácter mitológico o simbólico.

Destacando la importancia de saber mirar, oír y sentir en relación con la lectura de imágenes y la interpretación de la realidad, es posible caracterizar algunos libros de imágenes cuya función es narrativa, según lo señalado anteriormente.

Asimismo,  tomamos como premisa que el libro es un proceso multiforme de espacialización del mensaje que se propone a la actividad lectora.

Antes de ser un texto, el libro es, para el lector, una cubierta, un título, una puesta de página, una división en párrafos y en capítulos, una subdivisión de subtítulos eventualmente jerarquizados, una tabla de materias, un índice, etc., y desde luego, un conjunto de letras separadas en blanco.

El carácter de paratexto es propio del mundo gráfico, ya que descansa sobre la espacialidad y la perdurabilidad de la escritura.

Entre los elementos del paratexto podemos señalar, los elementos icónicos: ilustración, diseño gráfico y los elementos verbales: título, dedicatoria, epígrafe, prólogo, epílogo, índice, notas, bibliografía, glosario, apéndice.

La ilustración es, pues, un elemento esencial en una auténtica obra literaria destinada a los niños y jóvenes.

La literatura infantil y la cultura de la imagen

Para acercarnos a la problemática del  mundo de la imagen es importante establecer una relación entre

“Segundo domingo”, en “Los siete domingos” de Saúl Oscar Rojas

el niño, el libro de la literatura y la cultura de la imagen, señalar la relación entre la imagen de la palabra y las imágenes visuales de la plástica. Reflexionar sobre los valores y sus limitaciones, destacar la diferencia entre las imágenes de un libro de imágenes y las imágenes de una ilustración, observando su función, finalidad, importancia para tener los fundamentos indispensables que nos permitan acercarnos a la valoración de los libros con imágenes.

Desde un punto de vista semántico, podríamos expresar que la imagen, en sus significados, no es estática sino permeable, recomponible, reestructurable. La imagen agiliza, en gran medida, la lectura y la escritura, ya que su movilidad interna permite interpretaciones no unívocas.

Si  se considera que la imagen es el lugar en el que el sentido toma forma, lo imaginario podría describirse como el espacio fantástico donde la imagen vuelve a representarse a la mirada por medio de posibilidades infinitas, en formas y contenidos divergentes. Según una lógica de la ficción totalmente imprevisible, la invención, la fantasía y la ficción redistribuyen los significados de la imagen. Pensar, pues, en la imagen como lugar del imaginario contribuye a atribuirle aperturas más potentes, en las que la autenticidad de una cultura visual, todavía no afectada por los estereotipos, puede internarse en la construcción de nuevos mundos posibles gracias a la facultad de concebir imágenes por medio de lógicas fantásticas, de aproximar libremente la imagen y el pensamiento, de recrear imágenes reales y de inventar otras irreales.

Las imágenes constituyen  un lenguaje en sí. Narran o expresan a través de un alfabeto visual y de una gramática. El alfabeto visual conforma los elementos de la imagen mediante la línea, el color, la perspectiva, la textura y la composición. Podemos observar líneas curvas/rectas; finas/ásperas; largas/cortas; continuas/discontinuas; negras/blancas. Según sea su trazado pueden expresar sensualidad, vigor, etc. Los colores serán fríos/cálidos; policromáticos/monocromáticos;  oscuros/luminosos. La perspectiva, el efecto de tridimensionalidad nos ofrece el punto de vista, y éste puede determinar la creación del sentido. La gramática visual es la forma de relación entre los elementos.

El juego que establecen los dos lenguajes creativos, lo verbal y no verbal,  permite una multiplicidad de lecturas.

Es cierto que la imagen ha sido anterior a la palabra en muchas civilizaciones: y también es anterior a la palabra para el niño que no sabe leer, tanto si se trata de la imagen de un texto   -ya que la palabra es a su vez imagen- como si se trata de una imagen pictórica. Por otra parte, la imagen es simultánea a la palabra oída en el momento de la lectura compartida por el adulto.

Hacia una posición estética

Ilustración de Saúl Oscar Rojas

Saúl Oscar Rojas, nacido en Catamarca, egresado de la Escuela de Bellas Artes de San Miguel de Tucumán, se ha desempeñado con una extensa labor en el campo del libro infantil-juvenil, en fotografía artística y publicitaria, en diseño gráfico y en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo en la UBA como docente en diseño gráfico de productos y envases. En su haber cuenta con experimentaciones en el campo de la creatividad artística y en cerámica y alfarería: docente en técnicas de la ilustración de libros para niños. Miembro del Foro de Ilustradores, de la Asociación del Libro Infantil y Juvenil de Argentina, de la Asociación de Dibujantes en Argentina y de la Sociedad Argentina de Artistas Plásticos. Actualmente se desempeña como docente de ilustración infantil en Sótano Blanco, Escuela de Arte, situada en San Telmo. Este Maestro se destaca por su estilo genuino y  poético que reflejan su amor y respeto por el paisaje y la naturaleza humana.

Distintas perspectivas confluyen a la posición estética de Saúl Oscar Rojas. Su desvelo poético se nutre de varias corrientes de las artes visuales: arcaicas, arqueológicas, de las culturas primordiales. Asimismo también las provenientes del diseño gráfico.

En Los Siete Domingos, Premio Lazarillo de Ilustración, otorgado en España en 2001, a Libro infantil inédito, hay un dibujo narrativo. La intencionalidad de contar una historia no quiebra la esencialidad estética.

Cada imagen gráfica despierta nuevas imágenes en el lector de un mundo inventado  que se va ampliando en la medida en que penetramos en el texto. El tratamiento de la ilustración propone un texto diferente para leer una y otra vez. En estas resonancias, los sentidos se despliegan y sus resonancias brindan la oportunidad de elegir aquellas en las que nos sentimos involucrados en un proceso de goce y deleitación estética.

En cada escena aparece una fuerza comunicante en su dibujo. Desde la mitología, la imagen es emoción, sentimiento.

La significatividad de las imágenes a través de los elementos componenciales que expresan y comunican más allá de los procedimientos y estrategias utilizados en la revolución de la era tecnológica. Se observa una permanencia y se detiene en la perdurabilidad de circunstancias de raigambre universal y sus implicancias psicológicas y filosóficas.

Estamos ante la presencia de un lenguaje de intenso poder expresivo en la creación de imágenes, una sintaxis de la imagen fundada en la línea, desde la horizontalidad, la diagonal, las curvas leves como el vuelo, el color de matiz puro propio de la naturaleza.

Se produce un efecto acumulativo en la combinación de los elementos del alfabeto visual empleados.

La fuerza cultural de la imagen se patentiza en la espontaneidad del trazo, el acento mítico, el equilibrio de las formas, la secuencialidad de las escenas, la representatividad de las acciones de los personajes humanos y animales. La luz del día brilla en el cielo y sólo se contrasta en una sombra desde un segundo plano en la tierra.

Una lectura personal sobre “Los siete domingos”

“Segundo domingo”, en “Los siete domingos” de Saúl Oscar Rojas

La escena se desarrolla en una comarca, indicio de un nuevo mundo, un reino  que es territorio fronterizo, donde el paraíso y el infierno podrían estar solamente en  nosotros mismos.

El título alude a la simbología del número siete. Es el pasaje de lo conocido a lo desconocido. Es una cifra sagrada que anuncia la creación salvadora.

Como si fueran siete valles, cada escena de la comarca representa los diferentes lenguajes en la búsqueda, el amor, el conocimiento, la independencia, la unidad, el asombro, la desnudez y la muerte.

En esos siete estadios se muestra la evolución de nuestra conciencia: nuestro cuerpo físico con sus instintos y bestialidad, la emoción del sentimiento y la imaginación, la inteligencia que clasifica, ordena, razona, la intuición que nos conduce a nuestro inconsciente, la espiritualidad que nos desapega de lo material, la voluntad para actuar y la verdadera conciencia de la vida que se dirige a lo eterno.

En la primera escena se destaca como objeto que dará movimiento a lo que acontece, un monopatín.

Desde arriba baja algo. Se trata de un simple papel, que encierra una magnífica simbología en tanto que se asocia con la historia de la cultura gráfica. Haber llegado a la obtención del papel implica una gran conquista de la humanidad y es allí en donde quedarán inscriptas muchas de las memorias de la humanidad.

Ese hombre que se halla en el monopatín, que está abajo, podría ser un indicio de que Dios está en la Tierra. La necesidad de alcanzar el Paraíso Perdido, de estar en una tierra prometida se liga y religa a la unión del Cielo y la Tierra. A través del hilo, todo está conectado. Hay un contacto carnal y espiritual.

El Tigre, con su fe, se posesiona. El tigre es el iniciante que conduce a todos los animales a un mundo augural. El tigre se convierte en barrilete.

Mientras van apareciendo muchos niños, el cielo se está cubriendo de barriletes. Se va mostrando una circularidad infinita La gente del pueblo es mucho más que niños, mujeres y hombres espectadores en esa  infinitud circular.

El Viento agitado corre y lleva algo en su punta. Se convierte en mensajero cósmico y será el intermediario entre el Cielo y la Tierra. El viento engendra las formas, el olor, tacto, colores. Su espíritu ligado al sonido también engendra  la palabra que se perpetuará en el papel como actividad creadora.

Cuando se detiene el viento, cae el papel.

En este argumento mítico-ritual, el viento también se constituye en agente de purificación y transmutación.

Este Dios que lucha y forja barriletes sostendrá la soberanía del mundo.

Hay una celebración. Los animales están en el Cielo y comulgan con las gentes de un nuevo paraíso perdido.

Como un Pierrot, aparece un personaje típico de la Commedia dell’Arte mezclado a una ambientación en donde se fusiona la cultura medieval carnavalesca y un paisaje circense. La rueda evoca con sus rayos, haces de luces que dejen entrever lo permanente y lo variable en un espacio que se arroga de no mostrar con evidencia las raíces, en tanto que hay un soporte estable y algo que se modifica.

 Apreciación sobre “¡Oh! ¡Brinca!”

Ilustración de Saúl Oscar Rojas

En esta escena integrada por imágenes y palabras, nos situamos ante la postura del asombro y la acción de brincar. Desde la perspectiva del narrador que observa la capacidad del movimiento y la articulación.

Podríamos preguntarnos si acaso son personajes que aluden a personas reales o son juguetes.

La cuerda como emblema o metáfora del darse cuerda para ponerse en movimiento.

Palabras juguetonas enmarcadas con signos de exclamación conforman esta escena.

Sapo, ratón, gusano con mirada inquisidora.

Hay un proceso de metaforización. Las alas son  pétalos de flores.

Líneas curvas que se suceden en un devenir. Un cornetín  hace de portavoz.

Como corolario de esta invención gráfica, participamos de un viaje del yo al nosotros en el encuentro y en la unión de los seres.

Conclusiones

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Ilustración de Saúl Oscar Rojas

Debido a los cambios históricos-sociales, ligados a los procesos de la alfabetización y el avance de las nuevas tecnologías, el sentido del término “ilustración” ha evolucionado con el curso de los siglos. Es pues, innegable que la ilustración no sólo está ligada al texto, sino que éste lo es necesariamente anterior.

Nos encontramos, por tanto, en una situación ambigua: por una parte, la ilustración reposa sobre un texto previo; por otra, para el prelector es anterior a él y le sirve de punto de partida en la creación de un texto.

En la obra  plástica de Saúl Oscar Rojas, la ilustración  posibilita una lectura  autónoma del texto. A través de la sucesión de ilustraciones, el lector puede crear su propio relato. Del mismo modo como sucede con cualquier cuadro o grabado, se pueden apreciar las cualidades artísticas de las imágenes en la técnica gráfica, técnica pictórica, colores, composición. Así como también, en forma más concreta, se pueden observar las cualidades materiales, por ejemplo, el grano de papel que permite cierta cualidad del relieve, la transparencia de la acuarela, el espesor de la aguada o del pastel seco, la coloración de  la nogalina, colorante obtenido de la cáscara de la nuez. Dichos materiales podrían perder su calidad con la reproducción, por buena que sea y, sobre todo, con la transformación del formato. Cada imagen, aislada del contexto del libro, se valorará como un cuadro.

La sucesión de cuadros  que se ofrece a la mirada no permite apreciar la secuencia narrativa que los une, ni tampoco, entenderlos como elementos de un relato: no permite juzgar las cualidades inherentes a una ilustración dirigida a los jóvenes lectores -legibilidad, calidad  de la relación con el texto, calidad afectiva, calidad narrativa-, pues una ilustración tiene que inscribirse en el ritmo del relato.

La valoración de las  ilustraciones enmarcadas en un discurso estético se inscribe en la calidad de las escenificaciones, los niveles de legibilidad, y  los vínculos que unen texto e imagen.

Hacemos hincapié en que las imágenes de Saúl Oscar Rojas generan múltiples interrogantes y abren ventanas hacia un más allá del texto, desplegando un  nuevo camino  hacia otro imaginario.

Bibliografía

Alvarado, Maite, Paratexto, Instituto de Lingüística, Facultad de Filosofía y Letras. Cátedra de Semiología. Oficina de Publicaciones, Universidad de Buenos Aires, 1994.

Anati, Emmanuel, “La escritura antes de la escritura”, El Correo de la UNESCO, abril 1998.

Dondis, Donis, La sintaxis de la imagen. Introducción al alfabeto visual. Barcelona: Editorial Gustavo Gili, 2012.

Escarpit, Denise, “De la imagen al texto”. Revista El loro pelado. La Nube. Diciembre de 1979.

Pizarro, Cristina, Apuntes de Cátedra. Instituto Superior de Profesorado de Formación Docente de Educación Inicial. Buenos Aires.

 

Pizarro, Cristina. Saúl Oscar Rojas: un imaginero gráfico. Miradas y voces de la LIJ, (2), en https://academialij.wordpress.com/2013/06/07/saul-oscar-rojas-pizarro/

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