Aproximaciones a “El maravilloso libro de cuentos hechizos y encantamientos” desde una mirada feminista

Por Johana Molina (*)

El  maravilloso libro de cuentos hechizos y encantamientos (2008) Buenos Aires,  Atlántida

La Bella de los Cabellos de Oro” María Catalina Jumel de Barneville Condesa D`Aulnoy. (1690)

El huso, la lanzadera y la aguja” Jacobo y Guillermo Grimm.

Adaptación de Aldo Boetto. Ilustraciones de Paula de la Cruz.

 Sobre autores, autoras, adaptadores e ilustradoras

Marie-Catherine le Jumelle de Barneville, Baronesa d’Aulnoy (Barneville-la-Bertran, 14 de enero de 1651 – París, 13 de enero de 1705) fue una escritora francesa conocida por sus cuentos de hadas. En su residencia en París en 1690,  su salón literario se convirtió en uno de los más populares de su tiempo, fue visitado por los principales aristócratas y príncipes. Durante los siguientes trece años publicó tres pseudo-memorias, dos colecciones de cuentos de hadas y tres novelas históricas. Se ganó una reputación como historiadora y recopiladora de cuentos de fuera de Francia y fue admitida como miembro de la paduana Accademia dei Ricovrati con el sobrenombre de la musa de la historia, Clío. Ciento cincuenta años más tarde historiadores mejor documentados denunciaron sus escritos como fraudulentos. En la Francia y la Inglaterra de la época sus libros eran considerados como un simple entretenimiento, un sentimiento reflejado en las críticas de este periodo.

Sus obras más populares fueron sus cuentos de hadas y sus historias de aventuras en Les Contes des Fées (Cuentos de hadas) y Contes Nouveaux ou Les Fées a la Mode (Cuentos nuevos o las hadas de la moda). D’Aulnoy contaba sus historias de una forma coloquial, tal y como se hubieran contado en un salón.  En la mayoría de sus cuentos figuran protagonistas femeninas activas.[1]

Jacob Grimm (Hanau, actual Alemania, 1785-Berlín, 1863) y Wilhelm Grimm (Hanau, 1786-Berlín, 1859). Cuentistas y filólogos alemanes. Conocidos sobre todo por sus colecciones de canciones y cuentos populares, así como por los trabajos de Jacob en la historia de la lingüística y de la filología alemanas, eran los dos hermanos mayores de un total de seis, hijos de un abogado y pastor de la Iglesia Calvinista.

Entre 1812 y 1822,  publicaron los Cuentos infantiles y del hogar, una colección de cuentos recogidos de diferentes tradiciones, a menudo conocida como

Los cuentos de hadas de los hermanos Grimm. Sus fuentes principales fueron, además de los recuerdos de su propia infancia y de la de sus amigos, la gente sencilla del pueblo que ellos iban interrogando y, sobre todo, Cassel, la hija del farmacéutico Wild, que repetía las historias oídas en su infancia de boca de la “vieja María”.[2]

El adaptador, Aldo Boetto, nació en Buenos Aires, en 1949. Se recibió de técnico en Electrónica y ejerció hasta los 22 años. Estudió en la Escuela Municipal de Arte Dramático.

Trabajó en cine como realizador de cortometrajes, escribió obras de teatro, guiones para televisión y radio. Estudió dramaturgia, cine y TV. Fue actor en Venezuela; donde vivió varios años e interpretó novelas de gran éxito. En Argentina también escribió para programas de éxito como “La Noticia Rebelde“, “Su Comedia Favorita“, telenovelas y otros programas. Además realizó talleres con grandes maestros de aquí y del exterior.

Actualmente es colaborador de Editorial Atlántida y coordinador editorial de El gato de hojalata. Ha publicado numerosos libros infantiles entre los que se encuentra la colección La curiosa Aylén, El maravilloso mundo de los cuentos chinos, Travesuras en la red cibernética, Fútbol mágico: cuentos para jugar mejor, Mi vecina es una bruja, La alfombra voladora, Un hamburguesa para el pirata, entre otros.

Paula de la Cruz nació y vive en Mar del Plata. Es autora de Un mundo de vaca, que resultó finalista del Premio a la Ilustración en la ciudad de Hasselt (Bélgica), en 2004, y ganó, en 2010, el Premio al mejor libro infantil de la Cámara Argentina de Publicaciones. Ha ilustrado numerosos libros para chicos, entre los que se destacan Cuentos del mundo entero, Bruno y su Bicicleta y El maravilloso libro de hechizos y encantamientos. Es la ilustradora de los personajes de Fernando de Vedia en El mago Bambini, la bruja, el hechicero y el moscardón, y en Cuentos de hadas y princesas.

 

Ilustración de Paula de la Cruz http://pauladlc.blogspot.com.ar/

Princesas, caballeros y pruebas: tradición, renovación y mercado

El escritor Aldo Boetto nos trae una adaptación de dos cuentos “La Bella de los cabellos de oro” y “El huso, la lanzadera y la aguja”.

La princesa, los gigantes, los caballeros, los reyes, los elementos mágicos tan propios de los cuentos populares clásicos, se conjugan para armar estas historias con finales felices en donde prevalece,  en términos de Piaget, la “justicia inmanente” que viene a poner orden en la vida de los personajes. Esta creencia en mundo equitativo, en el que el mal es castigado y el bien premiado, tan propia en los/as niños, está enmarcada en el pensamiento animista, que se transforma durante el proceso de desarrollo en otras dos formas de justificación: la reciprocidad social y el mérito individual.[3] Por este motivo en los cuentos y, específicamente en los que estamos analizando, se observa la recompensa por el esfuerzo personal que no desentona con lo que los/as niños/as consideran justo y merecido.

Los temas que vamos a encontrar giran en torno a: los buenos actos y la recompensa, el desinterés, la amistad, el matrimonio como fin último, la superación de las pruebas y el amor (no sólo de pareja), que vence toda adversidad.

Los elementos mágicos y los animales “aparecen” para ayudar a los héroes y heroínas. Remitiendo a las funciones que planteara Vladimir Propp, podemos decir que existen los viajes a otros reinos en busca del objeto deseado; la prueba, que debe realizar para obtener el amor o buena voluntad de la princesa; y la reacción del héroe que, por supuesto, siempre supera la prueba a la que es sometido. Pero no todo es sólo esfuerzo personal, sino que también se reciben regalos mágicos ya sea heredados o como premio por la buena disposición moral del héroe. Animales u objetos que vienen a allanar el camino al protagonista. No van a faltar el regreso del héroe triunfante así como la persecución y socorro. Pero como todo cuento con princesas y caballeros vamos a tener las bodas tan deseadas por estos personajes de ficción.

El narrador se actualiza para un nuevo lector. ¿De qué manera? Sus intromisiones van marcando las diferencias con nuestra época: ¿qué había antes y qué hay ahora?, pero también nos ayuda a construir el mundo imaginario: ¿cuál es el rol o atributos de los personajes? ¿quién hace qué? Esto deja entrever que se tiene la imagen de un/a lector/a niño/a a quien hay que ayudarle a reconocer las virtudes y roles de los personajes tradicionales.

Ahora entendemos por qué la intromisión de la voz del narrador nos acerca o crea una situación de oralidad en la cual estamos escuchando un cuento que está siendo inventado en este momento. De allí que el narrador a veces no sepa qué pasó ni qué va a pasar, sino que van sucediendo las cosas a partir de su invención- narración.

Las imágenes que acompañan los textos tienen un predomino realista, en el sentido de adopción de una perspectiva habitual, cuidado en los detalles, realce de las figuras sobre un fondo neutro[4] y colores tibios. Si los/as lectores/as todavía no han aprendido a leer podrán seguir sin problema la lectura porque las imágenes relatan el cuento al pie de la letra, haciendo hincapié en los detalles más representativos.

Luego de todo lo dicho, merece una mención especial el título del libro, que hace aguas por todos lados porque lo único “encantado” son los hechizos pues… han desaparecido. No vamos a encontrar magos, brujas o cualquier otro ser alquimista capaz de hechicerías. A pesar de que en los cuentos de los hermanos Grimm suelen ser habituales en “El huso, la lanzadera y la aguja” no se cumple la regla.  Esto es una clara muestra que el título responde a las leyes del mercado y no a la temática del libro.

Ilustración de Paula de la Cruz http://pauladlc.blogspot.com.ar

Profundizando en la lectura… desde una perspectiva feminista

Leer entre líneas no es tarea fácil pero, para profundizar en el análisis, me propongo una segunda lectura un tanto más crítica de las estructuras que vienen dadas en este libro. Para ello me posicionaré desde  una perspectiva feminista analizando específicamente los estereotipos que refuerzan estos cuentos.

La imagen de las mujeres ha sido construida desde una visión patriarcal a lo largo de la historia.  En esta sociedad, los varones han sido considerados “el sujeto” de referencia y las mujeres como seres dependientes,  subordinadas a ellos. En palabras de Simone de Beauvoir las mujeres hemos sido lo “otro” de la historia.[5]

Esto se ve reflejado en la construcción del mundo simbólico que proponen muchos los libros de cuentos para niños/as. Los cuentos, aunque parecen inofensivos, poseen una carga simbólica y configuran el deber ser para hombres y mujeres.

“La asociación de roles de género en los niños y niñas comienza a edades muy tempranas: con tres años ya se tiene una idea clara de lo que corresponde a cada rol”, explica Eva Velasco. Un aprendizaje que ocurre por imitación de la familia, los amigos y los personajes televisivos, como las heroínas de los cuentos de hadas y princesas.

El proceso de simbolización de la realidad tiene unas implicaciones importantes en el desarrollo de la identidad personal y social. Cuando los niños (varones) son siempre nombrados, aparecen como los protagonistas de las acciones y cuentan con modelos de referencia con los que se pueden identificar, esto tiene repercusiones en su autoconcepto y autoestima y, en ocasiones, les genera una “sobreidentidad”, se creen capaces de hacer cualquier cosa sin valorar los riesgos. Las niñas, sin embargo, no son nombradas, en raras ocasiones son protagonistas de las acciones y no disponen, a través del lenguaje, de modelos con que identificarse. Las consecuencias de esta invisibilización, exclusión o subordinación pueden tener reflejo en una menor autoestima y en la creación de la “subidentidad”.[6]

Es en esta tradición en donde se insertan estos cuentos de los hermanos Grimm y de la Condesa D` Aulnoy presentados en El maravilloso libro de cuentos, hechizos y encantamientos, ya que en ellos las princesas están subordinadas al elemento masculino, es decir se encuentran a la espera de un príncipe que las rescate (entiéndase, que se case con ellas). En el cuento “La Bella de los Cabellos de Oro”, aparece una joven que es hermosa (ya desde allí podemos observar un estereotipo de “mujer”: blanca, rubia, bella y además… caprichosa), quien gracias a sus dotes naturales puede hacer que los hombres hagan todo lo que ella quiera, ya sea enfrentándose a grandes peligros o cumpliendo grandes hazañas. Por otro lado tenemos a una joven, huérfana, humilde y hermosa, que no tiene aparentemente relaciones con la nobleza, pero que gracias a su mágica herencia consigue literalmente “enlazar” a su príncipe.

Elementos en común, pues varios: una hermosa mujer, un príncipe y una boda. Y sobre todo el destino obligado para las mujeres: ser hermosas, conseguir a un príncipe y casarse.

No son las princesas quienes eligen con quien casarse, sino son elegidas y el amor nace por el agradecimiento de haber sido elegidas. Tampoco son las mujeres de la historia quienes se vuelcan a la aventura y a la búsqueda sino que aparecen en ámbitos privados: la casa, el castillo. Mientras que son los hombres quienes se aventuran a lo desconocido y descubren cosas mágicas.

Nos encontramos ante una violencia simbólica que se ha perpetuado y, por tanto, naturalizado, creyéndose “natural” y “esperable” que las mujeres sólo quieran casarse y convertirse en princesas. No permiten otras elecciones posibles. ¿Por qué la princesa de los Cabellos de oro se terminó casando si no quería hacerlo en un principio? ¿Por qué la joven humilde no siguió trabajando y viviendo sola al morir su abuela? ¿Por qué incluso no era otra princesa la que venía a reclamar sus amores? ¿Por qué de hecho debían ser princesas, cuando no es más que un símbolo de ostentación y pasividad? Muchos interrogantes para seguir pensando.

En definitiva, este libro definido como una adaptación del cuento de la Condesa D`Aulnoy y del cuento de los hermanos Grimm no viene a aportar otra mirada sobre las estructuras patriarcales subyacentes, sino que continúa la tradicional idea del príncipe azul que rescata a la princesa. Su audacia se reduce a la actualización del nuevo público lector y al puente que teje para lograr en los/as lectores una mejor construcción del mundo ficcional.

Referencias

[3]     BARREIRO, Alicia Viviana. La Creencia en la Justicia Inmanente Piagetiana: Un Momento en el Proceso de Apropiación de la Creencia Ideológica en un Mundo Justo. Psykhe [online]. 2009, vol.18, n.1 [citado 2013-04-26], pp. 73-84

[4]     COLOMER, Teresa . “El progreso lector”, en Andar entre libros. Pag,72.Fondo de Cultura Económica. México. 2005.

[5]   BEAUVOIR, Simone. “El segundo sexo”. Siglo XX. Buenos Aires, 1987.

[6]   MEANA SUÁREZ, Teresa. Porque a las palabras se las lleva el viento. Ayuntamiento de Quart de Poblet.

(*) Johana Molina es profesora de Lengua. Realizó su formación en el IESyT Nº 9-001 del departamento de San Martín. Se desempeña como docente en escuelas de educación media y de adultos/as. Está cursando la Licenciatura en Literatura Infantil y Juvenil en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo. Ha escrito para la revista “La Indignada del Este” edición 2012. Es miembro de la Comisión Directiva de la Biblioteca Popular Ricardo Rojas. Fundadora e integrante activa de “La Otredad”, organización feminista que trabaja en la promoción de los derechos humanos para las humanas.

Molina, Johana. (2013).  Aproximaciones a “El  maravilloso libro de cuentos hechizos y encantamientos” desde una mirada feminista. Miradas y voces de la LIJ, (2), en https://academialij.wordpress.com/2013/04/26/resena-molina-cuentos/ ‎

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