Escribir para chicos desde la región: Entrevista a Dionisio Salas Astorga

Por Brenda Sánchez

dionisio salas astorga

Dionisio Salas Astorga (*) es poeta, ensayista, narrador, editor y profesor de literatura en escuelas secundarias de Mendoza. Ha escrito artículos sobre la necesidad de replantear la enseñanza de la literatura en las escuelas y de incorporar obras locales en la currícula.  Su novela para niños, Las aventuras de Cepillo el león, adaptada posteriormente al teatro, se estrenó en Mendoza y Ecuador.

En esta entrevista dialogamos sobre el trabajo de escribir desde y sobre las provincias, con los condicionamientos y dificultades que esto conlleva. En el caso de Mendoza, podemos señalar la falta de un mercado editorial constituido, los problemas para la distribución y comercialización de los libros y la ausencia de un público consumidor de literatura local. Este panorama hace que escribir para niños en Mendoza sea, cuanto menos, un acto de valentía.

Brenda Sánchez: ¿La región es un impedimento o una posibilidad a la hora de escribir literatura para niños y jóvenes?

Dionisio Salas Astorga: La región impide y facilita. La distancia nos separa, pero a esta altura ¿separa de qué? La proximidad de Buenos Aires ciudad no nos hará escribir mejor, no me falta nada en mi estudio para hacerlo. Mi computadora es excelente y mi conexión a internet me pone ipso facto en contacto con las grandes bibliotecas del mundo, no necesito traducir porque me lo hace Google, si quiero olfatear estantes, están las librerías on line, las webs, las vidrieras digitales. Lo único que no está en internet es el talento que necesito para escribir. Puede que esté el de los otros, pero no el mío. El mío va conmigo en colectivo, en auto, se expresa en Russell o en París, aunque Russell y París no sean lo mismo. Puede que los románticos imaginen que la proximidad del Sena o el Riachuelo nos llenará de vapores para seducir y adormecer a las musas y acostarlas en nuestra obra, la verdad es que el río Mendoza, seco y todo, o el canal Pescara, están bien para mí. En el peor de los casos, para universalizar mi regionalismo puedo combatirlo con los canales de viaje de Direc.TV.

Los escritores no necesitan viajar, los libros sí, pero cuando están escritos. Lo que los escritores de las provincias o “del interior” necesitan es escribir mejor, escribir para el mercado o para sus hijos, pero escribir bien y eso significa decir algo distinto o decirlo de otro modo o decirlo de acuerdo a las necesidades de las clases lectoras. La clave de un buen libro es que sea necesario en alguna parte y para alguien, de este tiempo o del que viene. La clave de una buena literatura de provincia es que parezca escrita en una casa de provincia. Los que tienen que viajar no son los autores, son los lectores, ellos tienen que hacer esa parte del trabajo.

Los escritores no andan golpeando puerta a puerta como los testigos de Jehová para llevar la palabra del señor, sus libros tampoco.

Más del 99% de los libros no son artículos de primera necesidad sino mercadería perecedera intelectual o espiritual y hasta esotérica. Los libros que nos interesan a nosotros aquí son otros, son esos cuyo destino final no es una librería coqueta del centro comercial, pletórica de ofertas -al lado de las calzas de moda- sino las bibliotecas/reservas, bibliotecas/alacenas bibliotecas/caja de seguridad bibliotecas públicas o privadas bibliotecas cementerio de papeles, pero bibliotecas. Pienso. Y ahí lo del tiempo y la distancia van por otro carril.

 Cepilloe el león

BS: ¿Qué hace falta para hacer visibles la literatura infantil y juvenil regional en el contexto nacional?

DSA: La primera necesidad para que la literatura regional sea visible es que exista una literatura regional, una buena literatura regional o “de provincia” como se decía antes, un poco peyorativamente o literatura del interior; una literatura que merezca ser visible, es decir, vista por otros. No nos vemos más porque no hacemos más.

Liliana Bodoc  no tuvo que irse a Buenos Aires para ser ella, su obra se cocinó acá, su deformación literaria se forjó acá, nunca ha necesitado a la capital más que para el marketing posterior. Su obra es tan extraordinaria que ella podría haber hecho que la Sra. Norma o el Sr. Alfaguara vinieran hasta su Luján de Cuyo, que peregrinaran. Lo que pasa es que ella quería cambiar las cortinas y al panadero, por eso se fue de Mendoza, supongo yo. Pero ella es el mejor ejemplo de los errores que hemos cometido desde la fundación de Castillo a la fecha. Creer que solo Bs. As. o Santiago nos pueden dar entidad intelectual o artística, que es lo que realmente debemos tener primero nosotros.  

Las obras que trascienden las fronteras son las que nacen sin pasaporte, son las que se escriben pensando en los niños insoportables del vecino o los nuestros. El problema no está en llegar a Buenos Aires, o puede serlo a mediano plazo, el problema es qué quiero vender a las editoriales porteñas manejadas por españoles, alemanes o húngaros. Y si tengo tela para negociar mis historias en ese mercado, si quiero o no bailar, cantar, entregarme por un sueño. 

Esta realidad cambiará cuando los esfuerzos que hacen Uds. los organizadores de encuentros, los editores de revistas u organizadores de congresos, cosechen. Es decir, cuando hayamos injertado al género infantil y juvenil entre nuestros escritores, cuando tengamos abundancia de obras, cuando esté madura la uva, no antes, tendremos vino en abundancia, es decir, editoriales o imprentas de Mendoza que quieran invertir en Mendoza; librerías que vendan obras de autores locales sin exigirles certificado de buena conducta o de nacido vivo.

Si Gildo D´ Acurzio (**), ese gigante,  no hubiera pensado así en los años ´30, muchos de los autores que veneramos hoy en Mendoza no existirían, porque nadie de Buenos Aires los mandó a llamar. Él creyó en un racimo verde de escritores mendocinos sin libros y fundó casi toda la historia posterior de la literatura mendocina del 40 en adelante. Es decir, también se escribe cuando se sabe o espera poder publicar, cuando se tiene la esperanza de una edición o el apoyo de otros. 

No nos olvidemos que este género, el de la literatura infantil-juvenil, como todos los géneros, vino en barcos que traen la moda de París, de España, de cualquier lugar donde se hilaran historias en la lengua de los bárbaros. La literatura infantil y juvenil fue una tela despreciada muchos años por casi todos, empezando por los niños que no leían y que tampoco existían. Si alguien piensa que el danés Christian Andersen es una excepción, solo tiene acercarse a una edición más o menos original de sus cuentos.

Ahora que existen los niños y reclaman que seamos sus juguetes y hasta tienen derechos, ahora es cuando este género debe vestirlos y darles literatura de yogurt y cereales; ahora las preocupaciones de Uds. tienen mucho sentido, ahora es cuando debemos producir literatura nutritiva para niños y jóvenes mendocinos y que sea de buena calidad, primero para nosotros, para nuestros concursos o proyectos del Fondo Provincial, después ella solita se irá a la pasarela de las grandes editoriales, caminando o en avión, pero se irá en primera clase o no, porque tampoco es fundamental que se vaya. Los grandes libros no están desde hace mucho en las librerías o las editoriales. La justicia es ciega, así que no lee mucho.

BS: ¿Cómo huir del pintoresquismo y encontrar lo verdaderamente local? 

DSA: La mejor forma de tratar el pintoresquismo es hacer un matrimonio con él, es decir, aguantarse y aguantarlo.  

Lo que hace que Dostoievski sea un clásico es que está ubicado en Rusia, no en Caballito, y lo que hace que Borges sea Borges es que sus guapos se apoyan en las esquinas de Palermo o Buenos Aires y no en Rusia. No me imagino a García Márquez sin Macondo o Colombia, como no me imagino a Rulfo sin México y sin Jalisco y sin revolución mexicana. ¿Dónde está el secreto? El pintoresquismo es justamente lo que nos importa del otro, leemos porque somos voyeristas y espías y chismosos y la curiosidad nos condena. Si eliminamos nuestros chismes nos quedamos sin las vecinas que son los lectores del mundo. Cuando leo con mi hija un cuento ruso o árabe a las 22,30 de la noche no nos importa de dónde viene la historia, ni la nacionalidad del señor que lo escribió; nos interesa que su historia convierta la cama en una alfombra y nos lleve lejos de la casa donde estamos acurrucados en ese momento, que nos dispare imágenes, que nos salpiquen de sal las olas, que nos haga sentir tristes o felices -como nos hace sentir la vida- pero con ingenio, con gracia, con estilo, con la belleza inefable de las palabras. No hay que encontrar lo “verdaderamente local”, porque sería peligroso si existiera y porque gracias a dios no existe lo local en nuestro mundo plural ni menos lo verdadero. Existe el mundo. Existen las geografías y los idiomas, hasta las costumbres más o menos propias, más o menos originales, más o menos distintas, pero no comemos fideos porque son italianos sino porque son ricos, la paella no despierta simpatías intelectuales sino apetito, las empanadas criollas ya existían en el tiempo de las pirámides. ¿Entonces?

El lector es un ser hambriento que necesita comer historias, libros gordos o flacos, sabrosos, dulces, para chuparse los dedos. Si queremos escribir algo sabroso, un plato exclusivo de nuestra región, tenemos el menú de la montaña, la salsa de sus ríos, el desierto de sal, las bodegas o las acequias que lavan los pies de los árboles. Todo eso es un poco especial, pero únicamente lo comprarán quienes descubran que el que escribió sobre eso sabía cómo contar una historia, sabía cómo usar las palabras del idioma, tiene o tenía en su momento una cultura literaria adecuada al mundo al que se dirigía. En definitiva, lo leerán porque ese señor era capaz de contar desde Guaymallén o Tunuyán una gran historia al mundo.

Modesta09-2

BS: ¿Cuál es la presencia de la literatura infantil y juvenil con temática regional en la escuela?

DSA: Ninguna. En las escuelas secundarias en las que soy docente o lo he sido estos 15 años, la literatura infantil y la literatura en general, no existen. Hay de vez en cuando una piecita con libros cerca de los lampazos o son el embarcadero de los cambios de funciones de los docentes con problemas siquiátricos. Y los libros que se amontonan promiscuamente en los cuatro estantes vienen de los clásicos ímprobos del siglo XIX. Mientras más viejo y ajeno a los alumnos, dicen los expertos del gobierno escolar, mejor. Por desgracia, y sin caer en el fundamentalismo de que los libros salvarán el mundo de los pobres, los libros que circulan por la escuela no les interesan ni a los profesores de lengua, que tampoco leen ya porque no tienen tiempo ni pueden comprarse libros. En tanto no cambien las políticas de edición, re edición y se estimule la creación literaria regional, seguiremos viendo pasar el cadáver de nuestros enemigos por las vidrieras de las librerías. El gobierno, si leyera, sabría que el libro puede salir de acá. Pero el señor gobierno se preocupa de otras cosas. No sabe que tarde o temprano los libros son los que dirán lo que fueron, no las cintas que cortan  ansiosamente como si fuera un bretel de modelo publicitaria o esos afiches que publican sobre el pedemonte y que el viento, sin signo partidario alguno, se encarga de convertir en volantines sin alas.

BS: Dionisio, vos tenés varios artículos en los que hablás de la necesidad de incorporar la literatura de producción local en la currícula escolar. ¿Qué les aporta a los chicos el encuentro con su propia realidad a través de los textos? ¿Qué les aporta a chicos de otros lugares el encuentro con realidades locales invisibles para la industria editorial nacional?

Primera cosa: la mayoría de los docentes de literatura de Mendoza, sobre todo los de estas últimas ediciones, no saben que hay una literatura de Mendoza. Eso sería lo primero que hay que curar, el desconocimiento crónico, sacarlos de Zama y Álamos talados. Segunda cosa: el alumno promedio, que desconoce no solo que existe literatura de Mendoza sino la literatura universal, puede encontrar en las obras locales su geografía, su lengua, sus mitos, sus tradiciones, el por qué le gustan las empanadas, es decir, su historia familiar. Es decir, encontrarse. A la eterna pregunta del alumno “para qué sirve” podemos responderle que para que conozca a los suyos y los vea en el espejo en el que se peina todas las mañanas; al “es muy fantasioso”, podemos retrucarle con ahí está el desierto de Lavalle, la montaña, nuestro catálogo de leyendas cuyanas.

 Modesta15-2

Hace cien años el libro era el único transporte disponible, hoy es uno de los tantos que nos permiten hacer el viaje. Pero el viaje que la literatura nuestra o ajena permite, es un viaje hacia cualquier parte, hacia adentro o hacia afuera, hacia el patio de mi casa de barrio o los valles germanos. Es un viaje en el que nadie se mueve, por eso es tan maravilloso, la literatura descubrió antes que nadie la tele transportación de las personas. Que nos lean chicos de otros lugares es un gran negocio para el turismo cultural y el intercambio de especies. Que nos lean a través de nuestras obras es contagiarlos de nuestras debilidades y fortalezas, del paisaje interior que somos. Por eso siempre será importante el trueque literario, porque los sueños hacen falta en todos lados y el mercado es el libro donde se venden a mejor precio.

 Para terminar, comparto con vos mis dudas de todos los días: ¿tiene sentido preocuparnos por el libro, cuando la vida de los niños que deberán leerlos mañana, está en peligro; si el 80% de la población mundial no tiene agua potable todavía, si un maestro gana al mes la mitad del sueldo de un chofer de colectivo, es decir, cuatro carritos de supermercado a medio llenar?

 Muchos de Uds. estarán pensando que el libro cambiaría estas cosas. Que si llenamos los anaqueles vendrán los lectores de todas partes como hormigas a comerse el conocimiento, “la verdad”, el mundo de gelatina que hay debajo de sus solapas. Se imaginan una revolución benévola, un planeta con cataratas de justicia y solidaridad, bello como esos cuadros pintados con aerosoles en las plazas del centro. Muchos suponen que los niños de mañana son los niños del pasado que fueron Uds., que habitan un mundo como el que habitaron Uds., que era plano y sin la cordillera de antenas filosas y hordas de sombras hambrientas viviendo al costado de los canales. Lamento no compartir tanto optimismo. Soy de acuario 

Presiento que los lectores de antes y del futuro seremos siempre un ejército escuálido escondido en las montañas o los pantanos luchando desde el barro con máquinas feroces para no ser exterminados. Y que tarde o temprano deberemos aprender fragmentos, páginas enteras para que los que no vivan nuestra guerra de talleres, simposios y congresos, sepan que un día los hombres creímos salvar la tierra a fuerza de palabras e historias hermosas. Historias vividas o imaginadas por otros hombres que también tuvieron miedo y dudas, como ellos deberán tener en el futuro.

 

DSC08782

(*) Dionisio Salas Astorga nació en 1965 en viña del Mar, Chile. Ha publicado Sentimiento  -Valparaíso, 1982- y Sábanas sin flores -Mendoza, 2003- poesía. Su novela infantil Las aventuras de Cepillo el león  -Mendoza, 2007- (financiada por el Ministerio de Turismo y Cultura de la Provincia), fue llevada al teatro en el 2008 y avalada con un subsidio del Fondo (Ubriaco, investigación teatral) para su representación en escuelas primarias de Mendoza ciclo 2009/2010. El mismo elenco la representó en Ecuador en el 2012 con apoyo del Ministerio de Cultura de ese país.

Recibió los premios: Primer Certamen Provincial de Periodismo (Facultad de Periodismo de la Universidad Juan Agustín Maza y Diario Los Andes, 1990); “Homenaje a Marcela Arboit” (UNCuyo, 1991); Periodismo Escrito (Fundación Ecológica Cullunche, Mendoza, 1996), Vendimia (Mendoza, 1997 y 2012), Haroldo Conti (Bs. As., 1997) y A quién Corresponda, (Tamaulipas, México, 2002), Cada loco con su tema (cuento), México DF 2013.

Es editor de la Colección de Literatura Mendocina Contemporánea, Ed. LunaRoja, presentada en el 2009 con el volumen Promiscuos&PromisoriosAntología de la poesía en Mendoza para el siglo XXI, obra que reúne a 14 autores de la provincia (reeditada en el 2012). En esta misma colección se editó Notas de agosto y otros poemas de Juan López.

Cursó el profesorado de Lengua y Literatura y la Maestría en Literatura Argentina Contemporánea en la Facultad de Filosofía y Letras en la UNC.

(**) Gildo D´Accurzio fue un importante editor en la Mendoza de los años 40 y 50. Para conocer más sobre él:

Links

La literatura y los nuevos lectores en el aula – Diario Los Andes

Dionisio Salas Astorga. “Consumimos literatura infantil para niños de otro mundo

Érase un león que dirigió la Fiesta de – Diario UNO de MENDOZA

2 pensamientos en “Escribir para chicos desde la región: Entrevista a Dionisio Salas Astorga”

  1. Querida Brenda, una entrevista a DIONISIO SALAS ASTORGA completa, compleja y muy movilizante ya que el poeta y ensayista es sumamente sincero, amante de su quehacer y merecedor de nuestra admiración. Muy buen trabajo. Con todo cariño Graciela Licciardi

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s